#más para educación, hacia una universidad del bien común

Estudiantes de Levantamiento y Análisis de Edificios colaborando en la rehabilitación integral de Alcosa

La universidad vive inmersa en un proceso de cambio impulsado por la creación del Espacio Europeo de Educación Superior. El objetivo principal de este proceso es hacer que la Universidad contribuya a hacer de Europa el Espacio Económico más competitivo del mundo. Se quiere hacer de la Universidad un pilar de la Europa del Conocimiento. Y la Sociedad del Conocimiento se interpreta fundamentalmente en clave económica mercantilista. En la sociedad postindustrial, la principal fuente de ventaja económica está en la construcción de conocimiento a partir de la información. En ese marco es perfectamente comprensible que se piense, desde las instancias de gobierno europeo, que la Universidad debe jugar un papel mucho más ligado a la actividad productiva. Se habla de la necesidad de potenciar la relación Universidad Sociedad a través de la Transferencia del conocimiento generado en la misma. Y cuando se habla de esa relación y esa transferencia, se hace fundamentalmente pensando en el mercado y sus principales agentes, las empresas. Así pues, la Universidad está fortaleciendo y apostando por una nueva función, la Transferencia, y dotándose de mediaciones para ello: Oficinas de Transferencia, Fundaciones Universidad-Empresa, Empresas de Base Tecnológica, etc. Con esta perspectiva, en el contexto de crisis económica actual se acentúan las presiones sobre la universidad para que se comprometa en el proceso de mejora de la productividad y la competitividad aportando conocimiento útil a las empresas y profesionales altamente cualificados para incorporarse a las mismas.

Ahora bien, el proceso de transición de la Sociedad Industrial a la Sociedad del Conocimiento no tiene connotaciones exclusivamente, ni principalmente, económicas. La sociedad industrial ha generado, junto con un fabuloso desarrollo material, problemas inéditos que llevan el paradigma de desarrollo a enfrentarse a situaciones de crisis ambientales y sociales sin precedentes en la historia de la Humanidad, lo cual crea un contexto de incertidumbre, de miedo y de tensiones sociales crecientes. La actividad económica de la sociedad industrial ha ignorado los límites materiales que impone nuestro planeta con el consecuente problema de gestión de unos recursos escasos. Leer más de este artículo

Dibujar y transformar la ciudad

Dibujo de César Umbell

Dibujo de César Umbell

Escribo para responder a las preguntas que me vengo haciendo desde hace años como profesor de dibujo de arquitectura. ¿Qué se transforma al dibujar? ¿Qué capacidad de transformación tiene el dibujo de arquitectura?

Lo primero que se transforma al dibujar es la mirada del que ve la ciudad aprendiendo a dibujar (la). Lo que el profesor elige como motivo de dibujo pone en valor una parte de la ciudad. Es una elección condicionada por su visión del mundo en general y su visión de la arquitectura en particular. Las preguntas sobre para qué dibujar y cómo dibujar no son preguntas neutrales. Remiten a finalidades y su respuesta depende de opciones éticas e ideológicas.

En la medida en que usamos el dibujo y otras formas de visualización para producir arquitectura, la reflexión sobre el dibujo es inseparable de la reflexión sobre la arquitectura. Las formas de representación condicionan las formas de comprensión y transformación de la realidad. Y de forma recíproca, las intenciones con las que nos acercamos a la comprensión y transformación de la arquitectura, demandan formas apropiadas de visualización.

Las arquitecturas post-Guggenheim, que colonizan territorios, publicaciones y las producciones escolares, están muy estrechamente vinculadas al empleo de medios de visualización escultóricos, ya sean analógicos o digitales. Lo que puede visualizarse puede construirse, mediante la combinación CAD-CAM, y parece imponerse como inevitable. Las Setas de la Encarnacion son el producto de un render que sedujo a un tribunal que quería dar al alcalde lo que él pedía: una imagen que rompiera moldes… y presupuestos, y lógicas constructivas, y que subviertiera el orden de prioridades. Las “Setas” se volvieron inevitables y hoy en lugar de la plaza y el mercado que necesitábamos tenemos una deuda gigantesca provocada por un decorado de cartón piedra espectacular, que da sombra a la cubierta de una galería comercial cutre.  Leer más de este artículo

¿Cómo avanzar hacia ciudades más inteligentes?

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Cuando los alcaldes y sus consultores hablan de ciudades inteligentes, hablan de aplicar las nuevas tecnologías de la información a la gestión de la ciudad del mismo modo que llaman edificios inteligentes a los gobernados mediante domótica. Hoy compiten entre ellos por fichar a las más prestigiosas consultorías en tecnologías de la información para liderar el ranking de las llamadas “smartcities”. Pero esas nuevas tecnologías de la información son sólo una condición, necesaria, para el uso de la inteligencia, pero no suficiente. Estas tecnologías pueden facilitar un uso más eficiente del tiempo, los recursos y de la energía. Sin embargo, en los últimos años las ciudades se han alejado tanto del uso inteligente del tiempo, los recursos y la energía que necesitamos cambios más profundos que los tecnológicos para recuperar el equilibrio perdido. Los habitantes de las ciudades cada vez consumimos más tiempo en desplazarnos de nuestro lugar de residencia al de trabajo o de ocio, consumimos productos que cada vez vienen de más lejos y duran menos, vivimos y trabajamos en edificios cada vez menos adaptados a las condiciones climáticas de su entorno y que precisan ingentes cantidades de energía para aclimatarse. Todo ello nos lleva a consumir más energía de origen fósil y emitir más contaminantes, principalmente el CO2 responsable del cambio climático. Pero es que además crecientemente vivimos en urbanizaciones que no son barrios y nos vemos obligados a movernos en vehículos privados motorizados por vías que no son calles y nos relacionamos en centros comerciales y de ocio que no son espacios públicos ni tiendas de barrio, por lo que objetivamente perdemos oportunidades de encuentros y de relación entre nosotros y nosotras. Leer más de este artículo

La aguja del arco iris

Llueve

Corro por el río Guadalquivir bajo una fina lluvia

La superficie del río está erizada por ráfagas de viento

No hay nadie paseando, nadie pescando,

Un pato salvaje surca volando las aguas

Avanzo a ritmo lento

ensimismado en mis pensamientos

de pronto cambia la luz,

sale el sol

miro a la izquierda y la veo

ahí, señalando la hora

mira que detesto esa arquitectura espectacular

símbolo de un poder global

pero hoy entendí a Calatrava

construyó una aguja

para la esfera del arco iris

Sobre la enseñanza de la arquitectura en tiempos de crisis

Con los estudiantes de Hábitat y Desarrollo en los huertos urbanos del Parque del Tamarguillo

Entro en twiter esta mañana y me encuentro esta nueva publicación del blog de Stepien y Barno “Carta de un estudiante de arquitectura“. La leí  y la reenvíe a la lista de estudiantes de mi curso de dibujo para comentarla. Es una pena pero refleja bastante bien la realidad. Parece que las escuelas piensan, quizá como buena parte de la ciudadanía, que todo esto de la crisis es una pesadilla y que todo volverá a ser como siempre. Como profesor, me siento responsable de abrir nuevos horizontes profesionales a los arquitectos y me dí cuenta que eso pasa por la política. Si seguimos con la misma política que llevó a la crisis no harán falta arquitectos en España en varias generaciones. Pero si analizamos la cosa desde el punto de vista de si hay trabajo por hacer que requiera de arquitectos la cosa cambia. Hacen falta arquitectos para poner orden en el desorden creado por la burbuja inmobiliaria. Después del Tsunami urbanizador viene la reconstrucción. Tenemos cientos de barrios por rehabilitar y prácticamente todo el parque de viviendas construido está muy lejos de cumplir los requerimientos de la certificación energética. Tenemos que convertir en barrios las urbanizaciones. Hay un trabajo ingente por hacer para transformar el paisaje epigonal de la civilización industrial, con su barroquismo especulativo, en las bases de un nuevo orden territorial y urbano acoplado a la capacidad bioproductiva del territorio. Necesitamos a los jóvenes arquitectos aquí, no en China, con nuevos paradigmas de arquitectura. Leer más de este artículo

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