La gran transición


¿Qué lecciones podemos extraer de la crisis? Y sobre todo, ¿cómo salir de ella? ¿hacia dónde dirigirnos? ¿Qué podemos hacer si es que podemos hacer algo? Creo que estas preguntas nos las estamos haciendo la mayoría de los ciudadanos en España y en gran parte de Europa y Estados Unidos. Ante toda situación de dificultad y de amenaza es fundamental comprender por qué nos hemos visto abocados a ella, aprender de los errores que nos hayan podido conducir a esta situación y tener una estrategia que nos permita salir, cuanto antes, y con paso firme. Nos hace falta una correcta visión e interpretación y un buen plan de acción. Las gafas con las que miramos la realidad condicionan lo que vemos de ella. Y estas gafas son nuestros esquemas mentales, nuestras teorías, nuestra forma de ver la realidad. Aquí, probablemente, radica la principal dificultad.

En vista de que ni nuestros gobernantes, ni los partidos mayoritarios en la oposición, ni los medios de comunicación, ni los vigilantes de la economía mundial (bancos centrales, Fondo Monetario Internacional, Agencias de Calificación de Riesgos) han sido capaces de ver venir esta crisis y de que están dando palos de ciego para sacarnos de ella, deberíamos sospechar seriamente de las gafas que llevan puestas. En ciencia diríamos que el paradigma de conocimiento con el que se han venido manejando ha demostrado su falsedad y que es preciso cambiarlo rápidamente por otro. Este paradigma de conocimiento es el paradigma liberal, o neoliberal. Parte de la creencia de que los mercados se autorregulan y que el Estado debe cederles toda la iniciativa. La caída del sistema comunista colectivista de organización de la economía pareció dar la razón a esta forma de ver las cosas que fue asumida por las distintas opciones políticas desde las conservadoras a las socialdemócratas.Pero lo mismo que la caída del muro de Berlín en 1989 supuso la quiebra definitiva en la confianza del sistema comunista, la caída de Lehman Brother abrió una profunda grieta en la confianza en el capitalismo neoliberal. Los bancos se han mostrado incapaces de autorregularse y además no cumplen su función social, proveer de liquidez a las empresas para sus inversiones. En lugar de estar al servicio de la economía productiva llevan años atrapados en un círculo vicioso que los lleva de burbuja especulativa en burbuja especulativa. Y lo que es más perverso, cuando ese sistema financiero es rescatado con fondos públicos, vuelve a coger su dinámica especulativa y encuentra como último filón de negocio la especulación con la deudapública, con lo que alimenta el círculo vicioso que impide a la economía real salir de la recesión. Por otra parte, el mercado se ha mostrado igualmente ineficaz para proveer de vivienda a quién lo necesita y, arrastrado por una espiral especulativa, ha acabado produciendo, en España, más de un millón de viviendas excedentarias, al paso que ha dilapidado valiosos recursos paisajísticos y agrícolas. Además, tanto el paradigma neoliberal como el comunista han ignorado algo tan evidente como que la actividad económica, la producción de bienes y servicios y su distribución se producen en un mundo finito, con materiales finitos, con agua finita, con fuentes de energía finitas (petróleo, carbón, uranio). Todo esto es evidente si nos quitamos las gafas neoliberales pero no para quiénes las llevan puestas.

Aunque apenas se hable más que de la dimensión financiera, la crisis en mucho más amplia y profunda. Tiene dimensiones económica, social, cultural, ambiental y política, y todas ellas están relacionadas y se retroalimentan. Simultáneamente nos encontramos con una crisis de escasez de las materias primas (alimentos, minerales estratégicos) y la energía (el petróleo y el gas principalmente), consecuencia de que la demanda de las mismas supera la oferta, algo que va a acarrear consecuencias económicas especialmente dramáticas para una economía global que ha sido subvencionada por un petróleo barato que mueve las mercancías de un lado a otro del mundo, facilitando una deslocalización de la producción de bienes manufacturados y alimentos básicos. Algo que va a ser difícilmente sostenible cuando el petróleo se dispare de precio en breve. Además el propio carácter especulativo de la economía, que busca la ganancia fundamentalmente en los mercados de futuros, encuentra su negocio justamente en los precios futuros de aquello que va a escasear. Ya hemos podido asistir a escaladas especulativas con los precios del trigo y otros alimentos básicos (incrementando el hambre entre la población que vive bajo el umbral de la pobreza) y con el propio petróleo (provocando la duplicación del precio del barril de petróleo en 2009).

Esta segunda dimensión de la crisis es tanto más devastadora cuanto que afecta a las propias bases del paradigma dominante en economía y política. Tanto el paradigma, liberal como el comunista, confunden desarrollo con crecimiento. Ambos son productivistas, su ideal es el crecimiento indefinido del Producto Interior Bruto. Ideal quimérico e irrealizable. De modo que hoy, para salir de la crisis, sería preciso según ellos, volver a toda costa a la senda del crecimiento para retornar a la situación anterior a la crisis como si no hubiera pasado nada. Pero, ¿es eso posible? ¿Podemos crecer indefinidamente? ¿Es necesario crecer y engordar para desarrollarnos? Y, más todavía, ¿en qué momento del crecimiento vendrá el reparto, la justa distribución de bienes necesarios para la vida, para una vida buena, entre todos los seres del planeta. Hace varias décadas que convivimos con el hambre de más de mil doscientos millones de habitantes y con tasas de paro que dejan fuera del mercado a buena parte de la población. ¿Cuándo llegará la globalización de la justicia, de los derechos a la vida, la salud, la educación, el trabajo y la vivienda para todos? Ni la naturaleza ni la justicia social pueden esperar. Ya hemos superado la capacidad de la Tierra de recuperarse de las consecuencias de su explotación. Nuestra huella ecológica es ya 1,3 superior al tamaño de nuestro planeta. Ya sabemos que nuestro paradigma de desarrollo es inviable. Si los miles de millones de habitantes que viven en la miseria tuvieran que alcanzar nuestro nivel de consumo de energía y materias primas necesitaríamos varios planetas. Ya hemos superado los límites de injusticia social e iniquidad aceptables y estos, lejos de disminuir no dejan de aumentar. Esta dimensión económica, social y ambiental de la crisis se alimentan además de un patrón cultural dominado por el consumismo, el individualismo y la competetividad extrema. Y lo que es más grave, con una crisis política que pone en evidencia la incapacidad de esta para gobernar la salida de la crisis bajo los supuestos neoliberales en los que se mueve. Necesitamos cambiar de paradigma e iniciar una gran transición hacia formas de vida, de organización política, económica y social que nos permitan vivir bien, sin excesos, en un planeta finito cuyos ciclos naturales tenemos que respetar.

Tenemos que cuidar de la naturaleza y de los seres humanos en el propio camino del desarrollo. El mito del crecimiento es sólo eso, un mito. Y está fundado en supuestos falsos Pero ¿no tenemos unas gafas mejores que nos permitan ver las cosas de manera más ajustada a la realidad? La respuesta afortunadamente es sí. Hace más de cuatro décadas que las estamos fabricando y poniendo a punto. El paradigma ecológico, surgido de la biología, nos permite tener una visión global, contextual, compleja, interrelacionada y sistémica de la realidad. Es aplicable a todas las áreas de conocimiento y esto ha permitido fundamentar un paradigma ecológico de la economía, la sociedad, y la política.

Este paradigma nos permite recuperar algo que habíamos olvidado, que la actividad económica debe sustentarse en los recursos del territorio próximo, en primera instancia, y del planeta de forma más amplia, estableciendo una producción y unas pautas de consumo coherentes con esta evidencia. No podemos gastar más energía de la que somos capaces de producir de forma renovable. El paradigma ecológico contempla la actividad humana, toda actividad humana, en interacción con la naturaleza. Y de la observación de la naturaleza no extrae el principio de competetividad como la máxima social a seguir, sino la cooperación y la fraternidad. Cooperamos, nosotros y el resto de los seres vivos, mucho más de lo que competimos, aunque con las gafas que nos han puesto nos cueste verlo. Pero ante el panorama al que nos enfrentamos, o incrementamos la cooperación y la solidaridad para que los famélicos dejen de estarlo y los obesos se pongan a dieta y todos tengamos buena salud, o vamos a un periodo de barbarie, luchando todos contra todos ante unos recursos cada vez más escasos.

Estamos asistiendo al final de la civilización industrial y con dolores de parto entrando en una nueva. Tenemos dos escenarios posibles. O tratar de recuperar la senda que nos ha conducido a esta crisis y seguir negando la evidencia, hasta que nos estrellemos de forma violenta, como les pasó a los confiados tripulantes del Titanic, o cambiar de rumbo, iniciar la gran transición hacia una nueva civilización más sabia, en su relación con la naturaleza y entre los seres humanos. Esta gran transición, como siempre, sólo será posible de abajo a arriba, empujando desde la sociedad. Cada uno puede iniciar su dieta de adelgazamiento saludable para vivir mejor con menos cosas y disponiendo de más tiempo. Necesitamos impulsar y multiplicar los proyectos emprendedores, de forma cooperativa, que pongan en marcha una economía social y ecológica, generando empleos verdes, en energías renovables, promover la transición a la agricultura ecológica, potenciar el desarrollo rural, sumarnos a la iniciativas de ciudades en transición, reactivando el sector de la construcción reconvirtiéndolo hacia la bioconstrucción y rehabilitación ecoeficiente, invertir en industrias limpias y que empleen eficientemente la energía y los materiales. Y tendremos que mejorar y coordinar los mecanismos que garanticen la protección y la justicia social. Todo esto requiere incrementar las inversiones, justo lo contrario de lo que la receta neoliberal nos está imponiendo. Sin inversiones no generaremos empleo y no pondremos los cimientos de una economía y una sociedad más sostenible. Para ello tenemos que conseguir dirigir el ahorro y la inversión en esta dirección creando mecanismos que controlen y paralicen el círculo vicioso de la especulación. Ello requiere una reforma del sistema financiero internacional, la creación de bancas públicas saneadas y bien gestionadas, el impulso de la banca ética que canalice el ahorro de los ciudadanos a la financiación de la gran transición. Y requiere una profunda reforma fiscal, también coordinada a nivel internacional, que establezca el principio de progresividad y que acabe con los paraísos fiscales.

Las semillas y los brotes verdes ya están surgiendo por todas partes. Pero necesitamos apoyarlos, regarlos y cuidarlos desde las instituciones. Esto nos lleva a repensar el papel del Estado. Hoy necesitamos un estado ni famélico ni obeso, sino fibroso, al lado de los ciudadanos, liderando la gran transición. Para eso la gran transición tendremos que hacerla también en el plano político, hacia una democracia participativa, en la que todos contemos y seamos tenidos en cuenta en la toma de decisiones sobre las cuestiones públicas que nos afectan. El estado hoy debe representarnos frente a los intereses del capital especulativo, no claudicar ante él y someterse a sus extorsiones. Y para ello habrá que repensar y reconstruir las instituciones mundiales para gestionar de forma democrática esta gran transición que será mundial o no será.


Acerca de estebandemanueljerez
Candidato por Equo a las elecciones municipales de mayo Sevilla 2015. Soy profesor de la Escuela de Arquitectura de Sevilla desde 1990. Estoy convencido del potencial que tiene la educación tanto para el desarrollo personal como para la transformación social y lo vengo practicando a través de proyectos de innovación que implican a estudiantes y profesores en problemas reales de la ciudad, trabajando con los ciudadanos para hacer afrontarlos. Así hemos colaborado con asociaciones de vecinos de La Bachillera, El Cerro del Águila, Su Eminencia, Padre Pío, San Luis-Alameda, Pajaritos,... (en Sevilla) y Jnane Aztout (Larache) para mejorar sus barrios con criterios de sostenibilidad económica, social y ambiental. He puesto en marcha con otros compañeros asignaturas como Hábitat y Desarrollo, el Máster en Gestión Social del Hábitat y la Revista Hábitat y Sociedad. Dirijo el grupo de investigación ADICI (Aula Digital de la Ciudad). Soy miembro de Universidad y Compromiso Social y del Colectivo Universidad frente a la Crisis.

5 Responses to La gran transición

  1. Andrés Sánchez dice:

    Estupendo artículo, Esteban. Recoge perfectamente lo dicho el sábado… y algo más😉

  2. Manu Sierra dice:

    Muy buena exposición Esteban. Te felicito por no haber caído en la generalizada tendencia de augurar desastres sin proponer soluciones. Queda claro el dignóstico, las contraindicaciones y las recetas de curación que, en esta ocasión, no suponen solamente un remedio económico puntual. Proponer un cambio de civilización hacia la ética y sostenibilidad puede aún parecer utópico para una buena parte de nuestra sociedad, pero estoy convencido de que ya ha calado la semilla sana de esa Gran Transición.

  3. Agustín Madariaga dice:

    Y tan importante como éso. La teoría de las oportunidades políticas, de domar las consecuencias sociales del sistema con grupos de presión (sindicatos) y partidos (socialdemócratas) se ha venido abajo con la globalización. Sólo un modelo de nuevos movimientos sociales (que dan una aleternativa al sistema y no quieren domesticarlo) se puede avanzar. El sistema ha colapsado: primero se producía lo que hacía falta, luego lo que no hacía falta, después lo que podíamos comprar a plazos y luego se vendió incluso lo que no podíamos permitirnos comprar. Ahora sóloq uedan enormes deudas y un planeta agotado. Y los especuladores recogiendo todo el dinero circulante. No hay qué vender a los endeudados. Por tanto quedémonos sus impuestos en forma de deuda pública a altísimos tipos de interés. Muchos acusan al ecologismo político de utópico. Lo que es de ilusos es pensar que podemos seguir así.

  4. Pingback: Ética y política hoy « letras emergentes

  5. josemalo dice:

    Enhorabuena por el post, está impecable. Como toda crisis, la que estamos viviendo tiene un lado preocupante y un lado ilusionante. Hace un rato veía los carteles de convocatoria para la manifestación global del 15-O y me parece impresionante sentirse parte de una toma de conciencia de alcance mundial. Creo que la emergencia de una condición de ciudadanía global es uno de esos brotes verdes para que se dé esa gran transición y no una gran colisión. Porque me temo que esas son las dos únicas alternativas, como bien señalas.

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