Todos somos griegos, todos a la polis


Esteban de Manuel Jerez, cabeza de lista Equo al congreso por Sevilla 

La rebautizada Plaza del 15 M de Sevilla. Foto: EdeManuel

Hoy, más que nunca, todos somos griegos, pese a que nuestros gobernantes y aspirantes a serlo se empeñen en decir lo contrario. Los ciudadanos lo sabemos. Pero no sólo porque lo que le pase a Grecia, a su pueblo, nos va a pasar a nosotros, no sólo porque sentimos en carne propia los padecimientos a los que, los mercados y su mal gobierno, les están conduciendo. Sino porque en estos tiempos de crisis sistémica, en que es preciso más que nunca hacer política con mayúscula, asistimos con perplejidad a la claudicación de ésta ante la economía financiera. Nos urge mirar a las raíces de la demos para revigorizar y regenerar la política si queremos salir de la crisis. La Grecia clásica lo tenía muy claro. Definía al hombre como zoom politicón (animal político) y lo recoge de forma muy expresiva en su mitología. Cuando Hermes preguntó a Zeus como debía distribuir entre los hombres el arte de la política éste le respondió que debía hacerlo equitativamente, porque de otra forma no sería posible la vida en la ciudad, la polis. Tan claro lo tenían los fundadores de la democracia que consideraban idiota a quién se desentendía de la participación en la toma de decisiones de los asuntos comunes. Parafraseando a William Morris, no podemos delegar la política en manos de unos profesionales y luego sorprendernos de que no ordenen bien las cosas públicas.

Constituye un signo de esperanza comprobar cómo en todo el mundo la gente empieza a salir a la calle y a tomar las plazas, refundándolas como ágoras, para demandar democracia real, ética en la política, política al servicio de los pueblos y no de los mercados. Lo que empezó en Islandia y cobró relevancia mundial con la primavera en el Norte de África, arraigó en España y desde aquí se extendió a Grecia, Italia e Israel para ahora acampar en EEUU de América. Cuando los políticos profesionales dejan de representarnos, dejan de defender nuestros intereses frente a los intereses del capital financiero, la gente despierta y toma la palabra y la calle y abre una grieta en el sistema que muestra su falsedad e injusticia. Dice Carlos Díaz que “Política es aquella actividad que te permite salir a la calle e intentar transformarla para mejorarla. Ahí se pone definitivamente a prueba todo aquello que uno dice creer y todos los valores que uno dice defender (y no llorando en casa aquello que no hayamos sabido defender en la vida común)”. Y eso estamos haciendo movidos por la indignación, sentimiento ético que moviliza nuestra reacción. Es un primer gran paso, necesario, impensable hace apenas unos meses, que ya hemos dado. Ahora toca dar un segundo paso y defender estas ideas en el parlamento.

Pero para regenerar la política debemos enraizarla en la ética. La ética nos debe marcar el orden de las prioridades, de los desajustes que es preciso reajustar y el modo de afrontar las transformaciones respetando al hombre y a la naturaleza. Al arte de la política le corresponde llevar a cabo lo que pide la ética. Siguiendo con Carlos Díaz, habrá justicia cuando la ciudad, parte del cosmos, esté ajustada al cosmos y cuando los ciudadanos se hallen ajustados racionalmente entre sí y por sí mismos en esta comunidad a la que denominamos ciudad. De tal ajuste sólo los humanos son responsables” . Y hoy nos enfrentamos a graves desajustes en la relación del hombre con el cosmos y de los seres humanos entre sí.

La situación española está enmarcada por una situación mundial en la que la civilización industrial ha superado ya la capacidad de la Tierra de reponer lo que extraemos de ella. Ya hoy necesitaríamos 1,3 planetas para abastecernos y reciclar nuestros desechos, o lo que es lo mismo, a la Tierra le cuesta 1,3 años reponer lo extraído y consumido en un año. Y esto al coste de hacer desaparecer un 30% de la biodiversidad del planeta desde 1970, al extremo de que los científicos alertan de que el hombre está generando la irrupción de una nueva era geológica, que para escarnio de nuestra especie denominan Antropoceno. Una nueva era que comienza con un calentamiento global que puede alcanzar entre 4-6 ºC según los escenarios que contemplemos. Y toda esa sobreexplotación de la naturaleza, a todas luces insostenible, coexiste con las mayores cotas de desigualdad, con el escándalo que mil doscientos millones de habitantes que pasan hambre de los que más de cincuenta millones mueren al año. Y con dos mil millones de habitantes que viven hacinados en chabolas en las puertas de nuestras ciudades. Y con millones de habitantes en el paro, cinco de ellos en nuestro pais y con cuotas de desempleo juvenil escandalosas que superan el 46%. Atender a estas cuestiones cuidando la Tierra, ajustándonos a los ciclos naturales, es el camino que debemos emprender para salir de la crisis, iniciando una gran transición que nos permita poner los cimientos de una nueva civilización más sabia. Esa es la tarea histórica a la que se enfrenta nuestra generación. Para ello necesitamos una ética de referencia, ampliamente aceptada por una sociedad plural, en la que basar nuestros juicios sobre qué es preciso transformar. Estos valores comunes, que se han ido forjando durante siglos en distintas concepciones filosóficas y religiosas, han cristalizado en la declaración de derechos humanos, basada en los principios republicanos de libertad, igualdad y fraternidad o solidaridad. Y más recientemente, en el año 2000 en La Carta de la Tierra que nos hace ampliar nuestra mirada solidaria al conjunto de los seres vivos y nos compromete con las generaciones futuras. Tomándolas como guía, si nos lo proponemos, podemos conseguir que todos los seres humanos tengan derecho a la vida, a una alimentación equilibrada, a una vida saludable, a una vivienda adecuada, a una educación de calidad que nos ayude a comprender los retos a los que se enfrenta a la humanidad y despierte la creatividad necesaria para aportar soluciones innovadoras. Para ello deberán concurrir una economía y un reparto del trabajo que no deje a nadie inactivo y un sistema de protección social universal, financiado con impuestos progresivos, impuestos a las actividades contaminantes y nocivas e impuestos a las transacciones financieras especulativas. Nuestro reto es orientar la actividad económica a la satisfacción de las necesidades humanas básicas con recursos renovables, reciclando los materiales limitados que utilizamos y generando energía de forma limpia y sostenible. Ello va a conllevar una transformación eco-eficiente de nuestras industrias, de la agricultura y de la construcción, así como de nuestros hábitos de consumo. Y ello va a generar empleo socialmente útil. Las inversiones necesarias serán financiadas con nuestros ahorros a través de bancos éticos y bancos públicos. No podemos seguir confiando nuestros ahorros a los gestores de fondos de inversión que los utilizan para alimentar las burbujas financieras que destruyen nuestro sistema productivo, llevan a la quiebra a nuestras empresas y estados y provocan turbulencias y distorsiones inaceptables en los mercados de bienes y servicios. Esa es la utopía a seguir: conseguir la voluntad política para hacer esto posible y andar los caminos que nos lleven a ella. Pretender que hay salida a la crisis ignorando los límites físicos del planeta y las causas profundas de la crisis económica, sociocultural y política no es una utopía, es una quimera. La mirada ética nos marca el camino. Tenemos que satisfacer las necesidades humanas de todos manteniendo las bases de la vida en nuestra casa común.


Acerca de estebandemanueljerez
Candidato por Equo a las elecciones municipales de mayo Sevilla 2015. Soy profesor de la Escuela de Arquitectura de Sevilla desde 1990. Estoy convencido del potencial que tiene la educación tanto para el desarrollo personal como para la transformación social y lo vengo practicando a través de proyectos de innovación que implican a estudiantes y profesores en problemas reales de la ciudad, trabajando con los ciudadanos para hacer afrontarlos. Así hemos colaborado con asociaciones de vecinos de La Bachillera, El Cerro del Águila, Su Eminencia, Padre Pío, San Luis-Alameda, Pajaritos,... (en Sevilla) y Jnane Aztout (Larache) para mejorar sus barrios con criterios de sostenibilidad económica, social y ambiental. He puesto en marcha con otros compañeros asignaturas como Hábitat y Desarrollo, el Máster en Gestión Social del Hábitat y la Revista Hábitat y Sociedad. Dirijo el grupo de investigación ADICI (Aula Digital de la Ciudad). Soy miembro de Universidad y Compromiso Social y del Colectivo Universidad frente a la Crisis.

2 Responses to Todos somos griegos, todos a la polis

  1. josemalo dice:

    Enhorabuena también por esta entrada. Muy bien el matiz entre utopía y quimera.
    Hace poco he visto la película francesa de 1996 Planeta Libre -“La Belle Verte” (http://video.google.com/videoplay?docid=6566154801807918526), que viene a ser un ensayo irónico, humorístico e inteligente sobre las civilizaciones pre- y post- gran transición.

  2. Pingback: ¡Qué viene la gente, cuerpo a tierra! « letras emergentes

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