Aprendiendo de la operación IKEA


La operación IKEA, nos permite extraer varios aprendizajes tanto a ciudadanos como a políticos, que nos llevan a pensar, otra vez, qué ciudad queremos y qué modelo de producción de actividad y de empleo nos interesa. Este caso ilustra muy bien cómo se ha hecho el urbanismo en los últimos años y hasta qué punto esta forma de proceder estaba basada en una quimérica ilusión de crecimiento, sustentada en mecanismos especulativos, que se ha demostrado manifiestamente insostenible para el territorio y para la economía local. Los ayuntamientos se han financiado fundamentalmente a partir del crecimiento urbanístico a base de firmas de convenios y licencias de obras. Pero esto supone ingresos para hoy y gastos para mañana. En el caso que nos ocupa, los propietarios del polígono San Nicolás Este pagaron al ayuntamiento 2 millones de euros al suscribir el convenio en virtud del cual este suelo rústico, de alto valor agrícola, pasaría a ser urbanizable. Este convenio se justifica por su contribución a realizar una infraestructura urbana, la SE-35, que se considera necesaria para la viabilidad de esta operación. Pero esos ingresos, como ha sido norma en todos los ayuntamientos, se destinaron a financiar otras operaciones. Esto se podía hacer así porque se confiaba en que en el futuro nuevos convenios o ingresos por licencias podrían a su vez financiar la SE-35. Este modo de proceder, que alimentó la burbuja inmobiliaria, ha fracasado estrepitosamente dejando un nivel de endeudamiento municipal que nos va a lastrar en las próximas décadas. El modelo era a todas luces insostenible pero nadie lo quería ver, ni ayuntamientos, ni administración autonómica, ni promotores ni urbanistas, pese a las advertencias que hiciéramos ya en 1999 al respecto en el seminario “La ciudad que tenemos, la Sevilla que Queremos”. Ya entonces defendíamos que la revisión del Plan General de Sevilla no debía tener como objetivo el crecimiento, pues la única demanda que lo justificaba era la especulativa, sino la transformación y mejora de la ciudad existente, centrándose en la mejora de  sus barrios, y en la reducción de su huella ecológica. Hoy, el estallido de la burbuja inmobiliaria nos hace ver que hemos urbanizado, medio construido o construido mucho más de lo que seremos nunca capaces de llenar de vida y actividad. Y que el modelo urbano generado con este crecimiento nos va a generar enormes costes de infraestructuras y de gasto energético en movilidad que son a todas luces imposibles de sostener, una vez la era del petróleo “barato” está llegando a su fin.

Todo el desarrollo urbanístico condicionado por la SE-35 debería ser analizado a luz de la situación actual y puesto en crisis y cautela. Lamentablemente, el ayuntamiento ha asumido compromisos económicos con los propietarios del suelo que nos van a dificultar revertir la situación pero es mucho lo que nos jugamos en ello. El crecimiento de la ciudad hacia el Norte choca con algo que ha sido obviado pero que no podemos ocultar. Necesitamos preservar todos los suelos agrícolas que nos quedan, y estos son de enorme valor, porque van a adquirir un valor estratégico para la soberanía alimentaria de la ciudad cuando la crisis del petróleo nos estalle entre las manos. Algo que está a la vuelta de la esquina. Aprendamos de Londres que nos lleva la delantera en esto y tomemos medidas a tiempo.

Por otra parte, el caso concreto de IKEA es ilustrativo de otra ilusión, la de que hay que dar todas las facilidades a esta multinacional por su capacidad de crear empleo. Dejando de lado la intolerable actitud de prepotencia con la que ésta se ha dirigido al gobierno municipal para exigirle una recalificación urbanística que mejore la edificiabilidad de la zona, habría que tratar este tema con menos simplismo. Sería necesario un estudio serio y riguroso sobre el impacto en términos de economía y empleo de esta decisión. En este estudio se deberán detallar las pérdidas de las empresas del sector del mueble local, las ya que ya se vieron obligados a cerrar con el primer IKEA, y las que lo harán ahora. Y contabilizar los puestos de trabajo perdidos y que se perderán. Todos sabemos que el empleo lo generan las pequeñas y medianas empresas, que están radicadas aquí y son a ellas, más que a las multinacionales, a las que debemos apoyar. Para tomar decisiones del calado de las que se están tomando en el caso IKEA es preciso pensar de forma más compleja, tener todos los datos en la mano, y con ellos, apostar por el futuro en lugar de intentar apuntalar un modelo urbano y económico que se ha demostrado fracasado.

Acerca de estebandemanueljerez
Candidato por Equo a las elecciones municipales de mayo Sevilla 2015. Soy profesor de la Escuela de Arquitectura de Sevilla desde 1990. Estoy convencido del potencial que tiene la educación tanto para el desarrollo personal como para la transformación social y lo vengo practicando a través de proyectos de innovación que implican a estudiantes y profesores en problemas reales de la ciudad, trabajando con los ciudadanos para hacer afrontarlos. Así hemos colaborado con asociaciones de vecinos de La Bachillera, El Cerro del Águila, Su Eminencia, Padre Pío, San Luis-Alameda, Pajaritos,... (en Sevilla) y Jnane Aztout (Larache) para mejorar sus barrios con criterios de sostenibilidad económica, social y ambiental. He puesto en marcha con otros compañeros asignaturas como Hábitat y Desarrollo, el Máster en Gestión Social del Hábitat y la Revista Hábitat y Sociedad. Dirijo el grupo de investigación ADICI (Aula Digital de la Ciudad). Soy miembro de Universidad y Compromiso Social y del Colectivo Universidad frente a la Crisis.

3 Responses to Aprendiendo de la operación IKEA

  1. Andrés dice:

    Plan Parcial de los suelos para el nuevo Ikea a información pública.

    Hola Esteban

    He leido en la prensa de ayer jueves que ha salido a información pública el expediente del Plan Parcial de los suelos de San Nicolás Oeste, donde Ikea quiere construir un nuevo centro comercial. ¿Te parece oportuno que Equo manifieste su criterio al respecto presentando alegaciones? Argumentos hay ya en tu artículo. De paso, Equo se daría a conocer.

    Saludos
    Andrés

  2. antonio guerrero dice:

    Es necesario preguntar con insistencia cuantos puestos de trabajo va a destruir el nuevo Ikea en el sector del mueble y en toda la cadena hasta el forestal.La administración que otorga permisos debe saber cual será el impacto en el empleo mas alla de los puestos de trabajo que se crearan con la construcción y la actividad posterior,en cantidad y calidad.

    Tambien sobre nosotros como consumidores recae una gran responsabilidad y deberemos convertir en comercio justo a la totalidad del comercio,nada debe ser ajeno al principio de justicia
    .Debemos desterrar el criterio PRECIO como el único a tener en consideración.En terminos generales se abaratan los precios de los productos a costa de la retribución del trabajo y como se ve esto es casi doctrina.
    Como consumidores minamos nuestros derechos como trabajadores,premiamos a los explotadores.
    Consumir debe ser,cada vez más,un acto consciente y en conciencia.

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