¿Cómo hacer nuestro hogar más verde?


Resumen de mi intervención en el debate de la II Semana de la Sostenibilidad: emisiones cero

¿Qué entendemos por hacer nuestro hogar más verde y por qué es un objetivo deseable?

En esto, como en otras líneas de acción, necesitamos una visión utópica como guía, para saber hacia dónde caminar y dirigir hacia ella nuestros pasos, iniciando la transición hacia unos hogares verdes para toda la sociedad. Esa es la utopía que nos guía, una utopía que es necesaria y además posible. Esa utopía nos marca el objetivo de transformar todo el parque de edificios construido en edificios eficientes y autosuficientes, ubicados en barrios y ciudades que se acerquen a la autosuficiencia conectada. De manera que tiendan a producir lo necesario y a intercambiar lo que falta y sobra.

Esto me lleva a plantearme dos preguntas:

La primera es cómo queremos que sean nuestros hogares, nuestras viviendas, pero también nuestros barrios, porque no puedo concebir una vivienda verde sino es en un barrio verde, en un ecobarrio, una ecociudad o un ecopueblo, un ecoterritorio. Es decir me lleva a imaginar el futuro, a imaginar una utopía deseable y posible, apoyándonos en los datos, en la distancia entre lo que tenemos y lo que queremos.

La segunda cuestión que se me plantea es cómo llegar a tener hogares verdes universalmente accesibles en un contexto de recursos públicos y privados escasos. Porque el problema de la sostenibilidad ambiental es inseparable de la sostenibilidad social y económica. Y las tres necesitan de políticas que las impulsen. La función del pensamiento y la acción política es imaginar y crear los medios para iniciar un camino que nos lleve a tener esas viviendas de forma progresiva para todos. Proponer estrategias de transición que nos permitan dar pasos en esa dirección. 

Entonces, empecemos planteándonos cómo son nuestros hogares y cómo queremos que sean para alcanzar el objetivo de la sostenibilidad

Y los datos que hoy tenemos es que nuestros hogares, nuestras viviendas, nuestros barrios y nuestras ciudades son hoy por hoy insostenibles desde el punto de vista energético y en muchos casos con grandes carencias de habitabilidad que limitan la accesibilidad a personas con movilidad reducida (falta de rampas y ascensores), con programas de vivienda mínima (40 m2) muy compartimentada, como ocurre con gran parte de los barrios de vivienda social de los años 50 y principios de los sesenta, que responden a un concepto de vivienda social ligado al de vivienda mínima, en barrios obreros que en algunos casos son “ciudades dormitorio”, sin apenas actividad económica y social en el espacio público.

Responden a los presupuestos de una civilización industrial que ha confiado en la tecnología y la energía barata, de origen fósil, para satisfacer sus necesdidades de confort, olvidando algo que antes sabíamos hacer: adaptar nuestras viviendas a su contexto, hacerlas con economía de recursos, con materiales próximos y abundantes, y concebir nuestras viviendas de forma que se adaptaran a sus condiciones climáticas y a su contexto cultural.

Todo eso ha sido olvidado por la civilización industrial y ha estado fundamentado del lado de la arquitectura por los principios del movimiento moderno, en arquitectura y urbanismo. De modo que las viviendas, los hogares se han hecho de forma homogénea, idéntica, en Alemania o en Sevilla, con condiciones climáticas radicalmente diferentes. Y en las últimos décadas nuestros hogares han salido de las ciudades, antes mediterráneas y compactas y se han ubicado en urbanizacionesanglosajonas”, como la comida rápida, clónicas, con minijardín y se han hecho dependientes del coche para poder acceder a nuestros lugares de trabajo, a los servicios y al ocio. Nuestras viviendas son insostenibles, despilfarradoras de recursos naturales y de energía, desvinculadas de su contexto natural, social y cultural.

Pero el camino para volver a acoplar la vivienda con su entorno hace tiempo que ha empezado, tenemos numerosos brotes verdes, buenas prácticas inspiradoras, de las que podemos aprender, a través de la arquitectura bioclimática y la bioconstrucción.

Hogares verdes

Un hogar verde, para mí, es un hogar que se adapta a su medio, que reduce los recursos materiales y energéticos necesarios para su producción y mantenimiento, que recicla, repara y reutiliza tanto durante el proceso de construcción, como durante su vida útil, como durante el proceso de su sustitución o rehabilitación.

Aplicación de las “8 R” del decrecimiento a la vivienda y su entorno

Para conseguir hogares verdes es importante elegir con criterio los materiales y sistemas constructivos que se utilizan. Los principios del decrecimiento socialmente sostenible, las 8R que nos propone Sergio Latouche, nos pueden servir para ver qué podemos hacer cada uno de nosotros, en nuestros hogares, y qué podemos hacer si nos organizamos colectivamente para lograr que los hogares verdes sean universalmente accesibles. Vamos a  aplicar a las 8 R medidas de diseño y medidas del usuario

Revaluar: Cambiar de valores. Necesitamos iniciar el tránsito de una sociedad individualista e hipercompetitiva a una sociedad cooperativa, solidaria y en equilibrio con la naturaleza. Es la única forma de afrontar con éxito que llegaremos a satisfacer las necesidades de todos en un contexto de recursos escasos. Esto llevado a la vivienda pasa por incrementar los espacios y los tiempos que dedicamos a resolver necesidades en común, a organizarnos para hacerlo, empezando por la recuperación del espacio público y siguiendo por introducir equipamientos comunitarios, servicios compartidos en edificios, barrios y urbanizaciones. Las cooperativas de vivienda de Uruguay, con sus equipamientos comunitarios compartidos, en algunos casos abiertos, o las viviendas colectivas con servicios comunitarios son brotes verdes en esta dirección. Necesitamos transformar nuestras urbanizaciones en barrios. En Sevilla tenemos ejemplos de equipamientos comunitarios socialmente autogestionados como la Casa del Pumarejo, el Centro Social Okupado Sin Nombre que son también ejemplos de ello. Estos principios son el motor del cambio en nuestras formas de vida y en las formas en que construimos y organizamos nuestras vidas. Veremos como se desarrollan a través del resto de los principios.

Reconceptualizar: pensar de otra manera para poner en evidencia los factores de insostenibilidad de nuestras casas y tomar medidas para actuar sobre ellos. Necesitamos introducir una nueva forma de contabilizar el coste de la vivienda, no exclusivamente en términos económicos definidos por la oferta y la demanda, sino en términos de huella ecológica, en términos del consumo de energía, agua, y bienes materiales, de contabilización de la emisión de contaminantes (el CO2 que emiten nuestros hogares por ejemplo) y producción y gestión de residuos. Una vivienda ecológica es la que es económica en relación a estos consumos. Para ello es preciso considerar la contabilidad no sólo de su producción sino durante toda su vida útil. Hay inversiones iniciales que pueden ser más económicas en términos monetarios iniciales y más caras si ampliamos la contabilidad a lo largo de su vida útil. Una mayor inversión inicial, por ejemplo, en aislamiento o sistemas de aprovechamiento energético redundan en una reducción del consumo energético o incluso en una autosuficiencia energética y una reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera.

Reestructurar: La civilización industrial ha introducido desorden territorial, destrucción de suelos productivos desde el punto de vista agrícola, ha creado viviendas que no se adaptan a su medio y precisan enormes cantidades de energía para su mantenimiento. Hemos construido urbanizaciones de monocultivo de viviendas clónicas despilfarradoras de energía y recursos materiales. Tenemos que convertir el modelo territorial anglosajón de ciudad dispersa y monofuncional, en eco-barrios que forman parte de ciudades metropolitanas policéntricas bien conectadas con redes de caminos peatonales, carriles bici y transportes públicos eficientes y capaces de integrar el campo productivo en la ciudad. Y tenemos que reestructurar nuestras viviendas, individuales y colectivas para adaptarlas a las nuevas condiciones de habitabilidad, mejorando su accesibilidad, dotándolas con espacios productivos ligados a la vivienda, con servicios colectivos y gestión cooperativa de los mismos, con mayor flexibilidad en el uso de los espacios.

Relocalizar: Tenemos que primar la proximidad para reducir la necesidad de movernos, de mover mercancías, particularmente de forma motorizada y privada. La proximidad de la vivienda al lugar de trabajo, empezando por aprovechar las posibilidades del teletrabajo desde casa, de la huerta, eltaller o el comercio ligado a la casa.

Redistribuir:para que todos tengamos viviendas verdes es necesario crear las condiciones para la equidad social. Las políticas de vivienda deben basarse en este principio. Para ello es preciso implementar un plan de vivienda en alquiler, tanto público como privado, con preciso tasado. Y tener una buena red de alojamientos para situaciones transitorias y de vulnerabilidad social, para que nadie se quede en la calle.

Reducir: El consumo de energía, agua y materiales. Con mejora del aislamiento en paredes, suelos, techos y ventanas, utilización de grifos y electrodomésticos de bajo consumo. Tendiendo a la autosuficiencia energética conectada, produciendo y almacenando energía (pilas de hidrógeno) en el hogar, utilizando la biomasa para calefacción.

Reutilizar: Rehabilitar mejor que demoler. Renovar mejor que hacer viviendas nuevas en suelos sin urbanizar. Materiales de construcción, objetos de consumo, aguas grises para alimentar las cisternas, aguas de lluvia recogidas en cisternas para riego,… Reparar electrodomésticos y otros bienes, reciclar nuestras casas, reciclar nuestros residuos domésticos.

Reciclar: aguas grises para alimentar las cisternas, agua de lluvia almacenada en cisternas, etc.

2 qué podemos hacer, a nivel individual y colectivo para lograr hogares verdes para todos

Estamos en un contexto social, económico y político en el que tener vivienda se convirte en algo inaccesible para gran parte de la población. Y la parte de la población que la tiene se siente crecientemente vulnerable ante la subida de las hipotecas, la bajada de los sueldos o la pérdida o amenaza de pérdida de los empleos. Asistimos a la tragedias de los deshaucios que expulsan a una cantidad creciente de ciudadanos de sus casas.

La condición necesaria para tener viviendas verdes pasa, aunque parezca una obviedad, por garantizar que tenemos o podemos tener hogar propio, sea en propiedad o en alquiler, y con la seguridad de que no lo vamos a perder en cualquier momento. La principal causa de insostenibilidad en relación con la vivienda se deriva de que haya tantas casas vacías y tanta gente que no tiene casa o que la está perdiendo. No hay mayor despilfarro de recursos que construir viviendas y tenerlas vacías porque el mercado no es capaz de autorregularse y las administraciones no hacen de garantizar el derecho a la vivienda el centro de sus políticas. Si no tenemos vivienda, la tenemos en precario o carecemos de expectativa de tener vivienda el tema de este debate nos puede parecer que no va con nosotros, que es un lujo para privilegiados.

La puesta en el mercado de alquiler de las viviendas vacías partiendo

Hoy es posible garantizar el derecho a la vivienda utilizando la crisis como oportunidad en favor de la gente en lugar de utilizar la crisis como oportunidad para beneficio de los bancos, que es lo que está ocurriendo. Para ello basta con tener la decididad voluntad política de aplicar el principio de función social de la propiedad para que ninguna vivienda permanezca vacía, con una ambiciosa política de vivienda en alquiler, con alquileres accesibles, que proteja a los inquilinos y de garantías a los propietarios.

Las acciones que nos llevan a la aplicación de las 8R a nuestras viviendas, barrios y ciudades necesitan la colaboración pública y privada. Son inversiones retornables que se asemejan a la rentabilidad de un plan de pensiones. Tendremos que innovar políticas públicas que faciliten su financiación y que aporten el asesoramiento técnico necesario para que los particulares se animen a emprender estas acciones, sean usuarios sean empresas de servicios energéticos.

La unión europea se ha planteado el objetivo de rehabilitar el 30% de los edificios antes de 2030, consciente de que ello nos puede reducir a la cuarta parte la factura eléctrica. Con ello se persigue cumplir con el objetivo de emisiones cero y al mismo tiempo prepararnos para la economía de la era post-petróleo, que es la de las renovables. Cumplir este objetivo es una inversión de futuro. Es rentable y por tanto abre un área de negocio para las empresas de servicios energéticos y puede reactivar, reconvirtiéndolo, el sector de la arquitectura yla construcción. Laspolíticas públicas deben diseñar programas, crear herramientas y marcar objetivos.

Este objetivo lo podemos ligar a otro más amplio de revitalización y mejora de la habitabilidad de nuestros barrios, un Plan de Ecobarrios.

Acerca de estebandemanueljerez
Candidato por Equo a las elecciones municipales de mayo Sevilla 2015. Soy profesor de la Escuela de Arquitectura de Sevilla desde 1990. Estoy convencido del potencial que tiene la educación tanto para el desarrollo personal como para la transformación social y lo vengo practicando a través de proyectos de innovación que implican a estudiantes y profesores en problemas reales de la ciudad, trabajando con los ciudadanos para hacer afrontarlos. Así hemos colaborado con asociaciones de vecinos de La Bachillera, El Cerro del Águila, Su Eminencia, Padre Pío, San Luis-Alameda, Pajaritos,... (en Sevilla) y Jnane Aztout (Larache) para mejorar sus barrios con criterios de sostenibilidad económica, social y ambiental. He puesto en marcha con otros compañeros asignaturas como Hábitat y Desarrollo, el Máster en Gestión Social del Hábitat y la Revista Hábitat y Sociedad. Dirijo el grupo de investigación ADICI (Aula Digital de la Ciudad). Soy miembro de Universidad y Compromiso Social y del Colectivo Universidad frente a la Crisis.

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