¿Qué clase de sociedad tenemos que ha dejado morir a Piotr en la calle?

Foto del perfil inactivo de Piotr Piskozub

Hace un rato he picado en la agenda de Arquitectura y Compromiso Social. Hay convocado un acto de homenaje a Piotr Piskozub, en la puerta del Albergue Municipal de la Calle Perafán de Ribera. No tenía ni idea de quién era, sólo que era un hombre de la calle. Me vinieron varias imágenes de hombres de la calle extranjeros a los que conozco. Temía encontrar la foto de cualquiera de ellos. No me esperaba ver a un sonriente joven de 20 años junto a su novia. Imagen extraída por el periodista del perfil de facebook de Piotr. Hace dos años que ese perfil está inactivo. Alguna crisis personal lo sacó de su Polonia natal y lo trajo a dejarse morir día a día en la calle, en los bajos de República Argentina. Ahogó su vida en vino de tetra break  que lo fue matando día a día. Dice el periodista que pesaba 30 Kg al morir. Ese joven sonriente, feliz junto a su novia, murió transformado en un cadáver andante propio de un campo de concentración. La noche antes de morir alguien que se apiadó de él llamó a al 061 para que lo recogieran del suelo. En el hospital no se quisieron hacer cargo y lo devolvieron al Albergue dónde murió un día después. Me ha estremecido esta historia. Hemos dejado morir a un joven por las grietas de un sistema, de una civilización que da muestras de agonía. Han fallado las instituciones y ha fallado la sociedad anónima en que nos hemos convertido. Para que esto sea impensable que ocurra tenemos que levantarnos cada día dispuestos a trabajar para cambiar el mundo, cada cual desde su lugar.

Homenaje a Luis González Tamarit

Querido Luis:

Ante el correo que nos envías anunciando tu inminente jubilación inevitablemente se me produce una ambivalencia de sentimientos. 

Me alegro por tí,
                                 lo lamento por nosotros,
porque perdemos un referente «activo» de entrega al cumplimiento de la función pública, en vivienda, en cooperación internacional al desarrollo, en inmigración,… No es fácil que alguien llene ese  hueco, ¡inshallah! Sería el mejor homenaje que podríamos hacerte. Semillas has plantado y has cuidado los brotes verdes. ¡Están por todas partes!.

Al leer tu correo no he podido evitar recordar un homenaje que en su día te hicimos cuando un político ciego cortó tu trayectoria en vivienda. Algunos, muchos, reaccionamos. Me acuerdo que le escribí diciéndole que habíamos conocido ya a varios directores generales de Arquitectura antes que a él y que conoceríamos pronto a otros más. Qué tú siempre habías estado y estarías ahí como referente. Ese señor pasó a un merecido  olvido. Es más se me olvidó que le olvidé. A tí no te olvidaré. 

Personalmente me alegro mucho por tí, de verdad, y me quiero centrar en eso. Creo que es un premio enormemente merecido y estoy seguro de que lo disfrutarás disponiendo de plena libertad para seguir enredando al ritmo que quieras imponerte, con quién quieras, en lo que quieras, con una libertad incomparablemente mayor. Hay personas para las que dejar de trabajar «remuneradamente» es un drama. No es tu caso. Los hombres, y mujeres, libres y creativos, los entusiastas, no precisan que nadie les marque el qué hacer. Lo hacen. 

Y es un premio en peligro de extinción lo que lo hace más valioso. Lo más probable es que mi generación no lo pueda disfrutar. No quiero ser aguafiestas y habrá que luchar para evitarlo. Es más lo pelearemos sin fin. Pero lo más probable, tal y como se aventura el futuro, es que ocurra. Como no soy envidioso sólo puedo alegrarme por ti y quiero aprovechar para poner en valor lo que significa poder disfrutar de una merecida jubilación tras toda una vida de entrega profesional.

Si algún día, no ocurrirá, no sabes qué hacer, ya sabes el peligro que tengo. Soy un enreda neto y se me ocurren mil proyectos en los que seguir enredando juntos. Pero  tampoco está mal si nos vemos de viaje por tierras de Portugal.

un fuerte abrazo

R de Reducir y de Reciclar: mermelada de pulpa de naranja

Amanece soleado en Sevilla este día treintauno de diciembre de 2011. Después de un tranquilo desayuno, con el nuevo disco de Marisa Monte de fondo, Elisa saca de la nevera el tarro en el que ha ido guardando la pulpa de naranja residual recuperada del exprimidor con el que hacemos los zumos. Me pide que busque en su libreta de recetas la mermelada de pulpa de naranja de nuestro amigo Antonio. Siempre ponemos el nombre de la persona que nos pasó la receta en un ejercicio de creative commons o conocimiento compartido que ha ido creando y compartiendo conocimiento gastronómico, y de sabores, de generación en generación. Pesamos la pulpa de naranja e idéntica cantidad de azúcar y las mezclamos en un cazo que pondremos al fuego. Añado las raspaduras de una naranja. Cojo otra y corto en finas tiritas su piel. Las hiervo cinco minutos para quitarles amargor y las añado al cazo anterior, una vez escurridas. Exprimo el zumo de un limón, lo añado y pongo todo al fuego. Elisa me toma el relevo y se ocupa de remover hasta que la caramelización del azúcar y la vaporización del agua le hacen tomar la consistencia adecuada. De vez en cuando saca una pequeña porción de la mezcla y la pone sobre la encimera de granito para comprobar su evolución con el dedo. Una vez alcanzado el punto, y eso requiere ejercitar el juicio a base de experimentación, se aparta del fuego y se vierte en el tarro. Se deja reposar destapado hasta que alcanza la temperatura ambiente y la mermelada está lista para ser cerrada y guardada en la nevera. Leer más de esta entrada

Diario de un Corredor de fondo: Lisboa Seaside 2011


Al bajar del tranvía en Cais de Sodré nos encontramos los primeros atletas haciendo ejercicios de calentamiento. Pero eran pocos y no se veía ningún signo de la organización por allí cerca. Es verdad que faltaba una hora para el inicio de la carrera. Pregunté a la pareja de corredores suecos con los que coincidimos en el trayecto de tranvía pero parecían tan desconcertados como nosotros. Nos dirijimos a la boca del metro para indagar sobre la línea que debíamos coger a la vuelta desde el estadio 1º de Maio. La línea azul. La escalera que nos sumergía en la estación era de escala monumental, desdoblada, y se elevaba mediante una torre con un gran ventanal que inundaba de luz la enorme plataforma de acceso y salida desde los trenes. De pronto una marea multicolor de atletas inundó la plataforma y nos expulsó hacia la salida. Nos dejamos llevar por ella hasta el punto de inicio de la carrera, situado a quinientos metros de la parada del tranvía. La música de los altavoces marcaba el ritmo de los ejercicios de calentamiento que ya iniciaban algunos. Faltaba un rato aún y decidimos buscar una cafetería para matar el tiempo. La encontramos en la calle Dom Luis I, llena de corredores y de jóvenes recién salidos de la discoteca que buscaban un café antes de volver a casa. Pedí un botellín de agua y nos sentamos en una mesa compartida con otros atletas. Los había de todas las edades, hombres y mujeres, de multitud de lenguas y nacionalidades. Era mi primera carrera y mi mirada se veía atrapada por pequeños detalles preparatorios de manos expertas que protegían con vaselina las partes sensibles del cuerpo más expuestas a las rozaduras. Cuando bajamos a la salida el ambiente era fenomenal y me sentía eufórico. El cielo, aún gris, prometía abrirse y la temperatura era muy templada para un cuatro de diciembre. Hice mis estiramientos y los ejercicios de calentamiento bromeando con la música y con la sonrisa cómplice de otros atletas mientras Elena empezaba a sacar fotos del ambiente. La megafonía anunciaba los nombres de los primeros corredores de la maratón que pasaban por delante nuestra a un ritmo imposible, marcándonos el camino a seguir. Anunciaron la pronta salida de la Meia Maratona, la Seaside de Lisboa 2011. Leer más de esta entrada

Carta de despedida

Ramón FernándezDurán nos dejó ayer.

nos dejó su testimonio de vida

y de cómo afrontar el final de la misma.

Nos dejó el testigo para que sigamos nosotros

la apertura de nuevos caminos civilizatorios

nos dejó su esperanza

en la plantación de nuevas semillas

nos dejó sus últimos libros de ruta.

Es mucho lo que nos deja

es mucho lo que nos dejó.

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