Aprendiendo de La corrala de vecinas la utopía: la regulación de la ocupación de viviendas

Resolver esta contradicción, seiscientas mil casas deshabitadas y miles de personas sin casa, es posible sólo si cambiamos de lógica, si asumimos con radicalidad los principios constitucionales sobre el derecho a la vivienda y sobre la función social de la propiedad. Los gobiernos tienen el deber constitucional de hacer efectivo el derecho a la vivienda y tienen así mismo el deber constitucional de que se cumpla la función social de la propiedad, vulnerado en el caso de las casas vacías, sin gente que las habite. Cuando este deber constitucional no es ejercido por los gobernantes, cuando cada día son desalojados de sus casas trescientas familias que no pueden hacer frente a sus hipotecas por la crisis provocada por los mimos bancos que ahora les embargan, los ciudadanos toman la iniciativa, se organizan y hacen cumplir la constitución llenando de gente sin casa las casas vacías. Estas casas vacías, estos deshaucios, son una de las más expresivas e indignantes manifestaciones de la falsedad del mito de la capacidad del mercado para autorregularse. El mercado de vivienda ha fracasado estrepitosamente en su función de proveer de casas a quiénes las necesitan para vivir, a un precio que puedan pagar, porque se ha dedicado a proveer de viviendas para especular, con el estímulo de gobiernos locales, autonómicos y estatales, y la alegre financiación de los bancos. Este alegre negocio especulativo ha dejado el sistema productivo español en la ruina, a los trabajadores en el paro, a los ayuntamientos en quiebra y a los bancos sin fondos. Leer más de esta entrada

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