Hacia otra política de vivienda

(Artículo publicado en NOTON nº7. Otoño 2012.)

En un contexto de paro masivo y recortes salariales cada vez más familias no pueden hacer frente a sus hipotecas. Quinientas diecisiete familias al día son desahuciadas por iniciativa de los bancos y pasan bruscamente de estar incluidas en la sociedad a verse en una situación de extrema vulnerabilidad. A la pérdida de sus casas se suma la injusta carga de mantener una deuda con el banco por la mitad del valor por el que éste tasara su vivienda. La suma de miles de estas situaciones y el fracaso de multitud de promociones de viviendas en todas sus fases ha convertido a los bancos en la mayor inmobiliaria del país. Son propietarios de una de cada cuatro viviendas sin vender. Pero la pérdida de valor de este patrimonio inmobiliario estropea sus balances y suscita dudas en los mercados financieros que les cierran el grifo de los créditos. El anunciado rescate financiero de estos bancos, que acumulan 175.000 millones de euros en productos inmobiliarios desvalorizados o de dudoso valor, trae como condición, para mayor escarnio, la creación de un banco público malo que se haga cargo de todo lo que los bancos tienen y no quieren porque lastra su actividad. La adquisición de estos activos, llamados tóxicos, por el estado supondrá un incremento de la deuda pública por el mismo valor de esos activos. Y tras la modificación constitucional aprobada conjuntamente por socialistas y conservadores, devolver la deuda es prioridad sobre cualquier otra política de gasto. Es decir, el rescate traerá consigo mayores y  más drásticos recortes. El contraste entre el abandono a su suerte de los desahuciados y los rescates millonarios a los bancos que se han quedado con sus casas y han provocado la crisis es una de las mayores fuentes de indignación social. Leer más de esta entrada

De la política como sarcasmo a la oportunidad de una política alternativa. A propósito del banco malo

Conforma va pasando el verano y nos vamos alejando de aquél fin de semana en que Rajoy, asistiendo al palco de la Eurocopa para animar a los nuestros, nos anunciara la buena noticia de la concesión de un préstamo por valor de 100.000 millones de euros, sin condiciones, para solventar los problemas de los bancos, vamos conociendo los detalles de esas “no condiciones”.  La creación de un banco malo que endose al estado, en forma de incremento de la deuda pública, todos los valores inmobiliarios que están en poder de los bancos (suelo y promociones sin vender)  y los préstamos de dudoso cobro es una de las condiciones que impone Europa para el rescate bancario. Según datos publicados el 19 de agosto en la sección de economía de El Pais los bancos acumulan 85.000 millones en pisos, solares y promociones y otros 100.000 millones en préstamos dudosos o con riesgo de impago. Es decir, que para que los bancos españoles reciban ayudas públicas procedentes de Europa deben transferir a un banco malo de gestión pública, a cargo del Estado Español, todo aquello que no pueden vender por su valor de compra y que por tanto pone en riesgo su viabilidad y su atractivo para los inversores. Así los bancos serán atractivos y solventes y el problema se traspasa al estado, es decir a todos. Para resolver el problema de unos bancos que fueron pésimos gestores de sus fondos, contribuyendo a inflar la burbuja inmobiliaria que luego les estalló en la cara y que se han convertido en la mayor inmobiliaria del pais, al ejecutar las  hipotecas impagadas, para ayudar a unos bancos que han demostrado sobradamente no saber cumplir su función social arrastrando con su caída  a toda la sociedad, ahora nos dicen que es necesario que todos nos hagamos cargo de los platos rotos. Quiénes por ideología nos obligaron a acabar con la banca pública, a privatizar en  el Banco Hipotecario, no tienen inconveniente ideológico en crear ahora un banco público malo, con los deshechos que no quieren los bancos. Así, el estado español, que por las políticas de vivienda neoliberales impulsadas por los sucesivos gobiernos de España desde la época de Felipe González, carece prácticamente de vivienda pública en alquiler (sólo el 1% de las viviendas de España frente a paises de Europa en que llega al 40% como Alemania), se convertirá ahora en una gigantesca inmobiliaria y no precisamente para resolver el problema de la vivienda de los deshauciados sino el problema de los bancos. Se quedará las viviendas que nadie quiere, con promociones de segunda residencia en la playa o con  promociones como la del pocero en medio de la nada. Y nos quedarmos con suelos y más suelos clasificados como urbanizables y que no necesitamos construir porque ya hemos construido más de lo que nunca vamos a necesitar y cuyo valor nunca recuperaremos. Es el sarcasmo de la política del PPSOE, corresponsable, junto con los bancos, de la burbuja inmobiliaria que nos ha llevado a la crisis actual. Y es un sarcasmo también que los medios de comunicación consideren como inevitable la creación de este banco malo hecho a la medida de los bancos.

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