Algunos aprendizajes que podemos extraer de la emergencia sanitaria que nos pueden servir para hacer frente a la emergencia climática

Alejandro Antonio Ayala Carmona, E.T.S.A. Curso 2018/19, Prof. Esteban de Manuel Jerez

(Publicado inicialmente en Andalucía Información el 18 de marzo)

Estos días estamos aprendiendo muchas cosas a la fuerza. Estamos aprendiendo qué es un estado de emergencia y como se responde al mismo. Hemos pasado prácticamente en 24 h de seguir nuestra vida cotidiana como si tal cosa, moviéndonos despreocupadamente al trabajo o el estudio, interactuando con normalidad (besos, choques de manos, abrazos, …), alternando en bares y comprando compulsivamente, a vernos recluidos en casa, pudiendo salir sólo para ir a trabajos considerados “de guardia”, comprar alimentos y lo básico para vivir, manteniendo distancias de seguridad entre nosotras, con bares, calles y plazas vacías. Estamos aprendiendo también que todas somos vulnerables y tememos por nosotros y nosotras mismas, por amigos/as y familiares que han contraído la enfermedad.

Antes de que por decreto nos viéramos en esta situación no éramos conscientes de que el calificativo “viral”, que usamos en las redes para hablar de memes, viene de que los virus se expanden exponencialmente sin que los veamos, que los datos que manejamos de infectados son la punta del iceberg, que todas podemos ser portadoras del virus sin saberlo y estar transmitiéndolo con nuestras distancias cortas, choques de manos, besos y abrazos, que el sistema sanitario puede colapsar si no tomamos estas medidas drásticas a tiempo.

De pronto la economía ha ocupado su lugar. Ha bajado de la cúspide y se ha supeditado a la vida, a la salud. De pronto hemos descubierto que eso implica una gran indefensión y vulnerabilidad para quiénes pueden verse por ello privados de sus ingresos y sin embargo mantienen sus gastos. Hemos visto cómo es posible lo inconcebible: que se planteen moratorias en impuestos, alquileres e hipotecas, que se ponga sobra la mesa una posible renta básica para atender la emergencia y generar seguridad. Porque sin generar esa seguridad no se podrán mantener las medidas de emergencia que nos permiten aislar al virus, y podemos vernos abocados a una explosión social. Y estamos viendo también que tenemos capacidad de reacción como sociedad, que somos más solidarios/as y cooperativos/as de lo que pensamos. Que somos parte de una comunidad que unida puede hacer frente a cualquier emergencia.

Hace unas semanas vivíamos en un estado, una ciudad y trabajábamos en una universidad que habían declarado la emergencia climática. Ahora sabemos que eran declaraciones de mentira porque seguíamos actuando igual, como si tal cosa. Una declaración de emergencia que no altera la vida cotidiana no es una declaración de emergencia.

Hoy sabemos que las medidas adoptadas para hacer frente a la emergencia sanitaria están demostrando infinitamente más eficacia para reducir gases de efecto invernadero que todas las Cumbres habidas por el Clima, que todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible que guían las acciones de todos los gobiernos, que todos los Planes de Acción por el Clima y la Energía Sostenible. ¿Y saben por qué? Porque todas esas declaraciones y planes de acción están pensados para no hacer frente a las causas de nuestra emergencia, para adormecer nuestra conciencia y seguir haciendo negocios como de costumbre, dejando a la economía y su búsqueda insaciable de beneficio monetario al frente de nuestras vidas, haciendo los sacrificios sociales que fueran necesarios para permitir a la economía seguir generando beneficios sin límites.

No somos capaces de ver o de asumir que eso no es compatible con un planeta finito, con recursos energéticos y  materiales finitos, con una capacidad limitada de absorber nuestros desechos, que se acumulan en mares de plástico recalentados, vertederos tecnológicos en el patio trasero y en una atmósfera tóxica para respirar y que no deja de acumular los gases de efecto invernadero que amenazan dislocar, para siempre, de forma incontrolable, irreversible y exponencial nuestro clima y los ecosistemas de los que depende la vida. No lo vemos o no lo queremos ver y seguíamos actuando como si no fuéramos hacia el abismo. Pero este parón nos da una oportunidad, como nunca hemos tenido, para pensar y para cambiar.

Hoy me voy a ocupar de abordar los cambios imprescindibles que debemos adoptar en nuestra forma de movernos cotidianamente y en la forma en que venimos distribuyendo y usando el espacio público. Voy a proponer medidas a bajo coste para hacer frente a la situación de emergencia en la que nos encontramos, por la confluencia de un amenazante cambio climático y una, invisible, pero cierta, carestía de la energía que hoy mueve el mundo.

El 95% de la energía que usamos en transporte procede del petróleo, el gas y el carbón acumulados durante millones de años. Recurso que estamos quemando en apenas un suspiro en la historia de la humanidad, en ese paréntesis en el que vivimos y que llamamos civilización industrial capitalista. Voy a plantear las premisas y esbozar las ideas fuerza que podemos aplicar de inmediato o de forma rápida si asumimos que estamos en emergencia. Elijo el tema del transporte y la movilidad porque es uno de los temas clave y que más rápidamente y drásticamente ha de cambiar para hacer frente a una situación crítica desde el punto de vista ambiental, social y económico.

Si queremos que los aprendizajes obtenidos durante este estado de emergencia sanitario nos permitan hacer frente a la más amenazante emergencia climática y de recursos energéticos disponibles, manteniendo la paz social, deberíamos acostumbrarnos a la idea de mantener nuestras ciudades y carreteras casi vacías de coches y otros vehículos en circulación, implementando alternativas y cambiando nuestras rutinas.

No deberían circular coches a motor que no estén plenamente ocupados: un coche con cinco ocupantes divide por cinco los gases de efecto invernadero per cápita respecto a un coche con un solo ocupante. Nos podemos organizar para compartir coches. Ya hemos aprendido a hacerlo en viajes por carretera con aplicaciones que se han extendido viralmente. Hagámoslo en la ciudad. Es una medida que no precisa inversiones en infraestructuras. Reduciríamos en un 80% las emisiones y alargaríamos cinco veces en el tiempo nuestras reservas de combustible.

No deberíamos circular en coche si tenemos la posibilidad de hacerlo caminando, en bicicleta o en patín. Reduciríamos en un 100% nuestras emisiones en desplazamientos de hasta 7 km, la mayoría de los que hacemos en una ciudad. Para que estos desplazamientos sean seguros basta con aplicar en todas nuestras ciudades la limitación de circular a más de 30 km/h bajo grave multa y pérdida de puntos en el carnet de conducir. Es una medida de emergencia que tenemos que asumir y que nos traerá aire limpio para respirar y ciudades más habitables. Los médicos no tendrán que obligarnos a andar por nuestra propia salud, ya lo haremos cotidianamente.

No deberíamos circular en coche cuando tengamos alternativas eficientes y económicas de transporte público. Para lograr mejorar la eficiencia de nuestro transporte público algunas medidas casi no requieren inversión y se pueden aplicar de forma inmediata: suprimir el acceso por una sola puerta haciendo cola mientras el conductor nos expende un billete o controla que tenemos tarjeta de viaje válida. Así se hace en trenes de cercanías y tranvías, se puede generalizar al resto del transporte público. Hay muchos ejemplos desde los años 70 de que es posible. Estamos tardando demasiado en generalizar las pequeñas innovaciones que son necesarias. Si combinamos esta medida con paradas adaptadas a la altura de los vehículos, como en trenes y tranvías, para asegurar la accesibilidad universal, y con plataformas reservadas para el transporte público, para que este no se vea interferido por el transporte privado (que por otra parte disminuirá drásticamente con este conjunto de medidas), podemos lograr que la velocidad de toda nuestra red de transporte público sea similar a la que tiene el metro, casi sin inversiones en infraestructuras. Si estas medidas las complementamos con un incremento progresivo de la flota de transporte público para mejorar la frecuencia y reducir los tiempos de espera en horas punta, tendremos resuelto el tema. Hay demasiadas ciudades que ya hayan hecho todo esto como para explicar por qué tantas otras están tan retrasadas.

Tenemos una red de autovías y carreteras que queda grande a la cantidad de coches que podemos mover con los recursos energéticos disponibles y con las emisiones a la atmósfera que nos podemos permitir. Reservemos espacio en esas autopistas para convertirlas en una red de transporte público electrificado, con pantógrafo, que es el modo más económico y rápido del que disponemos para implementarlo. Invirtamos en ferrocarril, adelantemos en lo posible los planes que ya tiene Europa para que en 2050 este sea el principal medio de transporte de personas y mercancías en distancias cortas, medias y largas. Combinando ambas medidas podremos, rápidamente, sustituir coches y camiones movidos por combustibles fósiles por transporte público y de mercancías electrificado.

Tenemos hasta 2030 para implementar estas medidas en su mayor parte. Todas las que afectan a las ciudades metropolitanas, y las suficientes para tener una red regional, estatal y europea de transporte no contaminante.

Estas medidas, lógicamente, precisan combinarse con otras que afectan, como nos dice la comunidad científica, a la forma en que producimos y consumimos energía, alimentos y productos manufacturados. Con medidas urbanísticas y sobre los edificios, para hacerlos autosuficientes energéticamente. Y por supuesto, con medidas sociales para que nadie quede en situación vulnerable y desprotegida como consecuencia de los rápidos cambios que tenemos que emprender. Pero eso será objeto de otros artículos. Podemos hacerlo. Sabemos cómo hacerlo. Estamos en emergencia, tenemos que hacerlo.

Esteban de Manuel Jerez, Prof. E.T.S. Arquitectura, Universidad de Sevilla

Tres respuestas antagonistas a la crisis socioecológica

Empieza a abrirse camino la idea de que estamos en emergencia climática, ante las aplastantes evidencias científicas y las conclusiones presentadas por los expertos en clima de la ONU. Su informe de 2018, Calentamiento Global de 1,5ºC, nos advierten de que es preciso tomar medidas urgentes y de una ambición sin precedentes, de aquí a 2030, para no superar este límite. Las consecuencias de no hacerlo son destructivas para ecososistemas básicos para el mantenimiento de la vida y nos llevarían a un punto de no retorno de consecuencias catastróficas. No es catastrofismo. No nos dicen que vamos irremediablemente hacia la catástrofe. Pero advierten que necesitamos un cambio disruptivo en las formas de producir y consumir, movernos, alimentarnos, ordenar las ciudades y el territorio. Y eso implica un giro de objetivos y de formas de pensar y de ordenar nuestros valores. Con la inercia de las últimas cuatro décadas, manteniendo la hoja de ruta actual ampliamente consensuada por la comunidad internacional y por partidos y sindicatos, no es posible lograr el objetivo. Pero no podemos cerrar la puerta a que se produzca un cambio en la percepción del riesgo por parte de la sociedad que haga posible ese giro que parece altamente improbable. No todo el mundo lo ve igual, lógicamente. Hay visiones optimistas, hay visiones pesimistas y hay visiones esperanzadas.  También hay visiones que niegan el problema: el capitalismo sucio exitoso de Trump y compañía y el anticapitalismo productivista.

1/ La visión optimista del capitalismo verde.

Para esta visión, fundada en el mito tecnológico, el libre mercado autorregulado resolverá la crisis ecológica. El pacto que lo hará posible se llama Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuyo objetivo principal es el crecimiento económico, piedra angular de los demás.

Centra su atención en la transición energética. Basta sustituir la dependencia de energía fósil por energías renovables. Las grandes empresas lo resolverán con gigantescos parques termosolares ubicados en los desiertos, como los pioneros que tenemos en Écija y Sanlúcar La Mayor. Resuelve la producción de alimentos con su biotecnología de transgénicos adaptados al cambio climático de la mano de Monsanto y compañía. El transporte sostenible se resuelve sustituyendo coches movidos por petróleo por los mismos coches movidos por electricidad generada por energías renovables.  La cultura del usar y tirar la cambiarán las empresas que apuestan por la economía circular sin necesidad de que nos preocupemos de cambiar nuestros hábitos de consumo. Es atractivo tanto para la derecha como para la izquierda que se ponen de acuerdo en municipios y gobiernos para avanzar por esa senda. El crecimiento económico con empleos decentes los une en el OBJETIVO 7. No se concibe ninguna economía que pueda satisfacer las necesidades humanas sin parar de crecer.

Esta forma de pensar choca sin embargo con algo tan de sentido común como que vivimos en un planeta finito, con recursos no renovables finitos y recursos renovables que no podemos explotar por encima de su capacidad de reproducción. Es una vía muerta hacia el futuro porque ya ha chocado con sus límites y ya no puede seguir creciendo. Acelera el colapso económico y social. En esta vía, a nivel político, se puede elegir entre la derecha conservadora-liberal del PP y la liberal de ciudadanos, y entre la izquierda social-liberal del PSOE y la izquierda socialdemócrata reformista de UNIDAS PODEMOS. En el eje igualdad-desigualdad, mercado-estado, dirimen sus ofertas dentro del marco del crecimiento, con más o menos proporción de mercado y de estado, con más o menos reparto de la riqueza generada. Hasta la próxima crisis económica, ya en puertas.

2/ la visión pesimista del anticapitalismo ecosocial

Es una visión bien informada. El capitalismo necesita crecer y acumular para justificar resultados ante sus accionistas. Su lógica de crecimiento de la desigualdad es implacable y lo será aún más conforme vayan menguando los recursos. La crisis ecológica la ha producido el capitalismo, para resolver la crisis ecológica hay que acabar con el capitalismo. Ya es tarde para una agenda de desarrollo sostenible. El colapso es inevitable. Tiene una versión comunista que sólo es anti y centra su atención en el conflicto social y hay una versión alter, que propone trabajar en alternativas sociales y económicas desde abajo que creen comunidades resilientes.

No hay posibilidad de volver a un estado de bienestar porque ya no disponemos de los recursos para ello. El capitalismo está condenado a crecer y no es posible desacoplar el crecimiento económico del crecimiento del consumo de recursos no renovables. No hay recursos para sustituir una sociedad en crecimiento basada en energías fósiles de alto rendimiento por energías renovables de bajo rendimiento y muy dependientes. No hay recursos para mantener el modelo agroindustrial de la Revolución Verde ni de la cuarta revolución industrial. No hay recursos para sustituir el modelo de transporte basado en el coche de motor de combustión por el de motor eléctrico. No hay recursos para una economía circular que siga creciendo

Si se analizan las gráficas de crecimiento del PIB y del crecimiento de las emisiones de CO2 se ve que no es posible reducir las emisiones sólo cambiando rápidamente las energías fósiles por renovables. Si se analizan las gráficas de extracción de recursos fósiles, de uranio, de fosfato, de cobre, no hay margen para seguir creciendo.  La solución es acabar por el capitalismo y la vía la revolución. Sin embargo, son conscientes de que esa vía no es posible a tiempo y por eso anuncian el inevitable colapso y nos invitan a prepararnos para él.

Es una vía antipolítica: no confía en que se puedan impulsar políticas públicas de transición que partiendo del capitalismo nos lleven a un post capitalismo. Esa preparación para el colapso va de la mano de impulsar alternativas desde la sociedad de manera colectiva: energéticas, alimentarias, de vivienda, a través de cooperativas. A modo de monasterios medievales las ecoaldeas y las iniciativas urbanitas creadoras de bienes comunes, tendrán alguna posibilidad de iniciar una nueva civilización tras el colapso de la civilización industrial. Pero el mundo en el que lo harán será inhabitable dado que no va a ser posible detener el cambio climático dentro de unos límites de seguridad. No es posible hacerlo desde la política institucional ni tampoco se espera una revolución. La historia sin embargo nos enseña que los cambios de sistemas económicos no son rápidos. Desde luego no se producen en una década, que es el tiempo de reacción que tenemos.

Este discurso es atractivo a una minoría ilustrada activistas de resistencia. Estéticamente es irreprochable. Pero, ¿nos podemos permitir quedarnos contemplando como llega el colapso para decir en 2030, teníamos razón? Me genera muchas dudas desde la ética política.

3/ La visión esperanzada en la transición ecosocial hacia sociedades postcapitalistas

Comparte con la anterior lo fundamental del análisis, pero adopta una estrategia diferente, de síntesis, que apuesta decididamente por las políticas públicas de transición hacia una sociedad post capitalista. Es necesario llegar a las instituciones y llegar a acuerdos de gobierno que nos permitan frenar a tiempo y potenciar el cambio socioecológico, iniciado desde abajo, que ya está creando alternativas post capitalistas. Las palabras que usa para nombrarlas están sujetas a disputa con el capitalismo verde, que se las apropia y reconduce rápidamente. El Green New Deal que propugna esta vía, el Nuevo Contrato Social Ecológico o Desarrollo sostenible fuerte, es decrecentista frente al crecentista. Propone un pacto por Objetivos de Decrecimiento Sostenible, frente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El decrecimiento, de extracción de recursos y de emisión de residuos como vía para lograr un equilibrio que permita satisfacer las necesidades humanas presentes y futuras es el camino. El PIB no es un indicador válido. Es la reducción de la Huella Ecológica, hoy globlamente 1,6 veces superior a la capacidad de recuperación del planeta, el indicador que nos debe orientar en el camino. Unido a indicadores de Desarrollo Humano: de esperanza de vida, de salud, de educación, de democracia participativa, de equidad en el reparto de la riqueza socialmente producida, de igualdad entre hombres y mujeres en poder de decisión, económico y de reparto de trabajos productivos y de cuidados. Crecimiento en valores de solidaridad, autocontención, compasión, sororidad y fraternidad, justicia social, igualdad. Decrecimiento en valores competitivos, egocéntricos, antropocéntricos, autodestructivos.

Esta vía promueve un gran pacto social para la transición socioecológica, fundado en la pedagogía social, que busca escalar soluciones de economía social combinadas con políticas públicas potentes. Es la vía de los Verdes. A esta vía los anticapis la llaman capitalismo verde pero no es así, aunque es preciso estar alerta. El camino de transición lleva a la sustitución de la agricultura y la ganadería industrial por la agroecológica, de los oligopolios energéticos por un tejido de cooperativas y empresas municipales de energía renovable, de las SOCIMIS que acumulan viviendas a precios inasequibles por cooperativas de vivienda y vivienda públicas en alquiler asequible, de la cultura consumista de usar y tirar por el consumo responsable, de la educación para la competitividad y el crecimiento de la economía a la educación cooperativa para la transición ecosocial.

Es un camino hacia un nuevo modelo de producción y consumo que efectivamente tendrá que ser circular, de residuos cero, que imite a la naturaleza y su sabia ecoeficiencia y no la suplante. Un camino hacia un nuevo equilibrio entre campo y ciudad en el que el mundo rural jugará un papel determinante. Necesitamos un mundo rural vivo que impulse una reforestación comunitaria a gran escala para generar gigantescos sumideros de carbono, creando una  economía rural generadora de biomasa, de ganadería extensiva, de agroecología, de autosuficiencia energética.

El cambio de modelo de movilidad y transporte se hará mediante la alianza entre transporte público eléctrico eficiente y movilidad activa en bicicleta y caminando, combinada con ultraligeros vehículos eléctricos de movilidad personal. Con menos coches en las ciudades y las carreteras. Con más espacio público vivo para el encuentro y menos grandes superficies comerciales.

Sólo podremos lograr ese gran pacto social por una transición ecológica con más participación, con más y mejor democracia, con más igualdad entre hombres y mujeres, con más solidaridad y cooperación entre regiones y entre generaciones.

Como nos enseña Concha Sanmartín, “las revoluciones bruscas no dan lugar a cambios estructurales permanentes. A veces, pueden ser el inicio para ello, pero a costa de mucho sufrimiento. Las revoluciones tranquilas de los valores y los modos de vida han sido siempre más eficaces en la historia, para bien y para mal”.

NUESTRA VISIÓN: PROPUESTAS DE EQUO CONTRA LA BARBARIE

Comparto esta visión esperanzadora en medio de la barbarie, de María Merello, coportavoz de Equo Andalucía

NUESTRA VISIÓN: PROPUESTAS DE EQUO CONTRA LA BARBARIE.

¿Tiene la izquierda respuestas a la crisis?

3-ponentes-300x200

El pasado lunes participé, junto con Gaspar Llamazares (IU) y Verónica Pérez (PSOE) en el debate organizado por la asociación En Campo Abierto en el primero de los tres debates del ciclo que lleva por título el de ¿Tiene la izquierda respuestas a la crisis? La respuesta por parte del público, que desbordó la sala y obligó a habilitar dos espacios complementarios para seguir el debate, así como las numerosas y certeras preguntas que siguieron a nuestras exposiciones iniciales, dan cuenta de que la sociedad busca y demanda respuestas.

La respuesta a esta pregunta para mí es un rotundo sí pero…todavía no. 

Sí, porque sólo recuperando la mejor tradición crítica, creativa, cooperativa y transformadora de la izquierda podremos hacer posible una salida a esta crisis. Pero… porque partimos de una situación de revisión y crisis de identidad de la izquierda mayoritaria, la que tiene mayor peso electoral y muy especialmente de la que ha gobernado y gobierna. La socialdemocracia es corresponsable de las causas de esta crisis y no ha sabido dar respuesta las mismas.

Esta crisis no es un accidente cíclico del capitalismo, una fatalidad ante la que nada podía haberse hecho. Es producto de las políticas de las tres últimas décadas generadas por las ideas asumidas de forma compartida por los gobiernos de derecha y de izquierda que han gobernado el mundo occidental en general y el reino de España en particular.  Leer más de esta entrada

Clases en la Calle: Hablando de sostenibilidad urbana

Los recortes decretados por el gobierno no responden a una necesidad coyuntural. Forman parte de una estrategia, no sólo del gobierno, europea,   de privatización y desmontaje de la Universidad Pública que conocemos, degradando su calidad, abriendo espacios  para el florecimiento de las universidades privadas como negocio y como lugar de formación de unas élites alineadas con el mantenimiento del capitalismo ciego. Esta estrategia no es nueva, proviene de la Agenda de Lisboa y sus principios conforman el Plan Bolonia. Europa quiere una universidad alineada con las grandes multinacionales europeas, gestionada y regida por principios de eficiencia y competitividad propios del neoliberalismo económico, gobernada como se gobiernan las grandes empresas, con consejos de administración que nombran a rectores, decanos y directores de departamento. Estamos en la antesala de estas medidas modernizadoras que anunciará el gobierno, por boca de su consejo de sabios, en otoño. Si no lo remediamos, si no oponemos, los universitarios, nuestra insumisión. Pero la insumisión ha comenzado. Y como parte de ella ayer organizamos un debate sobre la Universidad que queremos, que debe ser el inicio de un trabajo compartido de confrontación, de propuesta de alternativas, que surja de la propia comunidad universitaria. Los principios de partida son la defensa de su carácter público y universal, su autonomía basada en el espíritu crítico, innovador y de apuesta por la calidad entendida como la relevancia social del conocimiento por ella generado y transferido a la sociedad en respuesta a sus necesidades, y la democracia participativa. Son ejes para otra reforma universitaria, necesaria, posible, antagónica a la neoliberal y al conservadurismo de mantener las cosas como están. La avanzadilla de esta reacción la han tenido los estudiantes pero somos muchos los profesores que nos estamos organizando para transitar juntos este camino. Como expresión de ello ayer organizamos conjuntamente la segunda sesión de clases en la calle.

Leer más de esta entrada

A %d blogueros les gusta esto: