Carta a Ana de las Azoteas Verdes

Abro el correo a las seis y media de la mañana, y me encuentro uno de Ana, una estudiante de Arquitectura a la que no conozco, dirigida a mi compañero Rafa y a mí mismo, de parte de su tutor, nuestro compañero Paco. Nos escribe para plantearnos las ideas iniciales con las que quiere abordar el tema de su Trabajo de Fin de Grado. Capta mi atención y me pongo a escribirle de forma inmediata estas letras emergentes.

Ana enmarca su tema en la situación tan rara y difícil que estamos viviendo, en este confinamiento que le está planteando la necesidad de dar una respuesta desde la arquitectura. Su primera presentación del tema es así: “Azoteas, el “no lugar” de la arquitectura. Edificios comestibles: Un reencuentro con la cubierta de mi casa”. ¿Cuantos no estamos estos días re-encontrándonos con las azoteas de nuestras casas o con nuestros balcones?

Sigo leyendo y es aquí dónde atrapa definitivamente mi atención: “tras las conclusiones del estudio teórico, generar un documento practico con el caso de estudio de la vivienda en la que vivo actualmente. Un ático en la calle Buenvivir, en la que la cubierta de mi casa (57 m2 aprox.) es accesible pero esta completamente en desuso. Y que actualmente estoy reparando”. De modo que Ana se propone investigar, aplicar a su casa las ideas encontradas y construirlas. Lo que sigue a continuación es copia literal de la carta que le remití a las 7,15 de la mañana, a la que añado algunas ilustraciones que me venían a la mente mientras escribía.

“Me parece Ana que has elegido un tema de gran actualidad en estos momentos que estamos viviendo. Lo es desde tiempo inmemorial en cuanto a que la arquitectura residencial se adaptaba al clima. Después de un largo siglo de olvido, vuelve a serlo ahora que necesitamos mitigar el cambio climático inducido por el hombre y adaptar nuestros edificios al mismo. De forma más general estamos trabajando para hacer más resiliente nuestra arquitectura y nuestras ciudades ante crisis como la actual. La crisis sanitaria es una consecuencia de la excesiva presión sobre los ecosistemas como lo es, también, el cambio climático. El tema de las azoteas ajardinadas no es un tema nuevo, ya lo planteaba Le Corbusier.

París se ha marcado el objetivo, plasmado en una ordenanza, de hacer todas sus cubiertas verdes para mitigar el efecto isla de calor de la ciudad y como sumidero de carbono. Pero es verdad que estos días de parón y confinamiento sin precedentes nos están sirviendo para experimentar la importancia de contar con azoteas verdes y vivas y de que nuestros hogares estén preparados para lograr ciertos niveles de autosuficiencia (autosuficiencia conectada, busca la referencia de Juan Requejo Liberal).

Ayer hablábamos justamente de este tema, la infraestructura verde urbana y metropolitana, dentro del Curso de Emergencia Climática de la Universidad de Sevilla. Fue una sesión interdisciplinar iniciada por Domingo Sánchez, director del Máster de Ciudad y Arquitectura Sostenible, que presentó el marco, abordando las distintas escalas de comprensión del problema. Desde la biorregión, como espacio que debe ser capaz de satisfacer la mayor parte de las necesidades de nuestras ciudades y de absorber nuestros residuos para avanzar hacia un equilibrio de las mismas con los ecosistemas de los que dependen, hasta los corredores verdes que conecten la ciudad son los espacios naturales y agrícolas próximos. Espacios que precisamos proteger o recuperar, ya que la mayoría se han convertido en barbechos urbanos, en expectativa de ser devorados por la ciudad. Por último, la escala que a ti te interesa, la de la renaturalización de las azoteas y fachadas de nuestros edificios.

Fotografía: Agricultura Urbana en Sevilla, Fotografías: Glenda Dimuro

Necesitamos reconectar la ciudad con su territorio productivo para reducir nuestra huella ecológica y ser más resilientes ante crisis globales como la que tenemos y las que vendrán en este siglo de La Gran Prueba (lee el libro de este título del filósofo Jorge Rietchmann y también su libro sobre biomímesis para fundamentar tu trabajo).

Calles Verdes, Pasaje Valvanera, Sevilla 26 de abril de 2019, Fotografía: Esteban de Manuel

Viajando por centro Europa, de Francia para arriba, es habitual que las fachadas incluyan trepadoras y que estas conecten unas fachadas con otras en sus cascos antiguos. También las podemos disfrutar ya en Sevilla. Es una forma de re-naturalizar la ciudad de muy bajo coste, basta hacer un pequeño alcorque y plantar una parra trepadora u otra especie similar.

Viviendas para estudiantes. H Arquitectes, Campus universitario, Sant Cugat del Vallés. Fotografía: Esteban de Manuel Jerez, 2 de mayo de 2019

Los arquitectos lo solemos hacer de una forma un poco más sofisticada para justificar nuestra función, como en esta buena referencia de H Arquitectes que tuve ocasión de visitar en el Campus del Vallés. Por último, una vez hayas estudiado el tema para ponerte al día de lo pensado y escrito, de los casos de estudio de referencia de arquitectura popular y de autor, me parece muy buena idea acabar con la aplicación práctica a un caso diseñado, autoconstruido y vivido por tí. Tengo la experiencia de haberlo hecho con mi casa. Cuando terminé la ejecución de su metamorfosis, lo que fue la segunda reforma y ampliación de la misma, en verano 2012, la cubierta estaba preparada para captar energía térmica solar y fotovoltaica.

Instalación familiar de autoconsumo de energía eléctrica y agua caliente. Fotografía: Esteban de Manuel,

Pero “estaba muerta”. Estas son palabras de mi hijo Guillermo. Ocho años después está viva, como toda la fachada. La casa nos autoabastece durante las horas de sol de energía eléctrica. Nos autoabastece también de ensalada, de pimientos para guisos y para freir, de aromáticas para cocinar. Atrae insectos que instalan sus hoteles en casa, a veces peligrosamente grandes, en el caso de las avispas. Atrae salamanquesas que se nutren de los insectos. Y atrae pájaros que se posan en las enredaderas del emparrado y nos cantan.

Estos días de aire limpio obligado y de lluvias de primavera, salir a la azotea, en las pausas del teletrabajo, es un gozo para los sentidos. Por sus sonidos, su olor, por su vista. En los fines de semana es el lugar de esparcimiento donde entretenerse en familia. A las ocho de la tarde es el lugar cívico de encuentro, la plaza a cota más tres plantas de la ciudad, en la que nos damos aliento. Al tiempo que reconocemos al personal sanitario, nos reconocemos a nosotras y nosotros mismos. Nos hablamos, nos preguntamos. No sólo a los vecinos y vecinas más cercanos que ya conocíamos. A otros a los que estamos conociendo ahora. 

Estás tocando un tema que desde su sencillez, un caso, una azotea a renaturalizar, puede encerrar un mundo. Ya sabes, si piensas globalmente mientras actuas localmente. Un tema que requiere herramientas para la transformación física del espacio edificatorio y urbano (URBS), que pone las condiciones para una transformación de la forma de vivir la ciudad y de relacionarnos (CIVITAS) y que requiere pensar en una ordenanza municipal que lo desarrolle (POLIS). 

Termino deseando que mantengas la energía y el entusiasmo que se adivina en el planteamiento que haces de tu tema de trabajo. Que con tu tutor comiences, como te propone mi compañero Rafa, un mapa con su hoja de ruta. Que prepares tu cuaderno de bitácora dónde ir dibujando y anotando tus ideas y reflexiones durante el proceso. Ánimo con la tarea!. Seguro que logras presentar un trabajo inspirador.

Sobre la enseñanza de la arquitectura en tiempos de crisis

Con los estudiantes de Hábitat y Desarrollo en los huertos urbanos del Parque del Tamarguillo

Entro en twiter esta mañana y me encuentro esta nueva publicación del blog de Stepien y Barno “Carta de un estudiante de arquitectura“. La leí  y la reenvíe a la lista de estudiantes de mi curso de dibujo para comentarla. Es una pena pero refleja bastante bien la realidad. Parece que las escuelas piensan, quizá como buena parte de la ciudadanía, que todo esto de la crisis es una pesadilla y que todo volverá a ser como siempre. Como profesor, me siento responsable de abrir nuevos horizontes profesionales a los arquitectos y me dí cuenta que eso pasa por la política. Si seguimos con la misma política que llevó a la crisis no harán falta arquitectos en España en varias generaciones. Pero si analizamos la cosa desde el punto de vista de si hay trabajo por hacer que requiera de arquitectos la cosa cambia. Hacen falta arquitectos para poner orden en el desorden creado por la burbuja inmobiliaria. Después del Tsunami urbanizador viene la reconstrucción. Tenemos cientos de barrios por rehabilitar y prácticamente todo el parque de viviendas construido está muy lejos de cumplir los requerimientos de la certificación energética. Tenemos que convertir en barrios las urbanizaciones. Hay un trabajo ingente por hacer para transformar el paisaje epigonal de la civilización industrial, con su barroquismo especulativo, en las bases de un nuevo orden territorial y urbano acoplado a la capacidad bioproductiva del territorio. Necesitamos a los jóvenes arquitectos aquí, no en China, con nuevos paradigmas de arquitectura. Leer más de esta entrada

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