Cinco pilares para salir de la Crisis

Las Cinco ramas del árbol de la Vida. Dibujo de Esteban de Manuel

El COVID-19 nos está sometiendo a una prueba para la que no estábamos preparados. Y estamos respondiendo a ella en distintos niveles de distintas formas. Hans Klue, Director Regional para Europa de la O.M.S. ha sintetizado así cómo lo estamos haciendo en España: “Estoy profundamente impresionado por el heroísmo de los profesionales sanitarios, la solidaridad de la sociedad española y la resolución del gobierno”. Coincido con esa apreciación general pero no todo el mundo lo ve así. Es importante analizar con distancia los distintos tipos de reacciones, pero lo es todavía más enmarcar esta crisis en sus causas y consecuencias para extraer conclusiones y orientar nuestra acción. Vivimos en el siglo de la Gran Prueba, nos advierte el filósofo Jorge Riechmann, y vamos a necesitar poner en juego la mejor versión de nosotras y nosotros mismos para superarlas con el menor daño posible y poniendo las bases para un futuro mejor. Está ocurriendo espontáneamente para hacer frente a la emergencia sanitaria. Pero al mismo tiempo estamos viendo cómo otra parte, minoritaria pero muy orquestada, está mostrando su peor cara. Hay inercias e intereses muy fuertes que tendremos que vencer y que se movilizan a través de emociones muy poderosas: el miedo y el odio.

Este siglo nos está enfrentando a un escenario inédito en la historia de la humanidad. Nuestra civilización se está enfrentando a los límites planetarios y esa es la causa de que nos veamos enfrentados a grandes pruebas en las que nos jugamos nuestra supervivencia. Hemos superado ya la capacidad de los ecosistemas para reponerse de la fuerte presión a la que se ven sometidos por la acción humana, fundamentalmente por la económica, al tiempo que menguan aceleradamente las reservas disponibles de recursos no renovables. Las pandemias, nos dicen los expertos en salud de la OMS y en alimentación de la FAO, están fuertemente vinculadas al retroceso de los ecosistemas naturales y a la presión de la ganadería industrial sobre los animales. Nos advierten de que es preciso cambiar el paradigma agroalimentario. Si hemos ignorado estas advertencias es sólo porque choca con los intereses de la agroindustria y sus macrogranjas y con nuestros propios hábitos de consumo, en gran medida impuestos por esta gran industria. La buena noticia es que tenemos alternativas más saludables, más respetuosas con los animales, con los ecosistemas y con los agricultores y ganaderos tradicionales, que podrían garantizar nuestra alimentación. ¿Qué haremos? Podemos dedicar enormes recursos públicos de reconstrucción para volver a la “normalidad” del modelo de agroalimentario de producción y distribución que tenemos, o podemos seguir las indicaciones de la F.A.O. y la O.M.S y cambiar el modelo desde la base, trabajando con los agricultores y ganaderos, construyendo canales cortos y justos de comercialización, para asegurar nuestra soberanía alimentaria.

Esta crisis ha puesto al desnudo que no prestamos atención a las evidencias científicas y a sus conclusiones hasta que los males que nos anuncian nos golpean y nos paralizan. Ha puesto al desnudo que ha sido un error hacer recortes en sanidad. Ha puesto al desnudo que cuando necesitamos algo tan simple como mascarillas de protección o respiradores, nuestro sistema económico carece de capacidad de respuesta porque hemos deslocalizado nuestra industria textil y dejado la fabricación industrial en manos de China. Ha puesto al desnudo que la globalización económica y su impacto en la naturaleza es la causa de la pandemia y el medio para su propagación al tiempo que nos hace muy poco resilientes para enfrentarnos a ella. Ha puesto al desnudo que ha sido un error poner a la economía en el centro por encima de la salud y la vida, de los seres humanos y del resto de los seres vivos, de los ecosistemas que sostienen la vida.

Desde que empezó el siglo hemos pasado dos grandes pruebas de las que podemos extraer aprendizajes. La primera prueba fue el atentado contra las Torres Gemelas en septiembre de 2001. La respuesta vino en forma de Guerra por el petróleo justificada por razones falsas. No fue posible establecer la relación causa efecto. Pero hubo poderosos sectores que aprovecharon el shock que produjo el atentado para desplegar su hoja de ruta. En una economía que se mueve por el petróleo es clave hacerse con el control, de forma directa o indirecta, de los países con grandes reservas. Lo es más cuando estas reservas menguan. El 95% del transporte que mueve la economía mundial depende del petróleo. “Estados Unidos es adicto al petróleo”, como decía Jorge W. Bush. Pero no sólo Estado Unidos es adicto al petróleo, lo somos todos. Cuando Tony Blair pidió públicamente disculpas por este error histórico nuestro expresidente quedó al desnudo.

La segunda prueba fue la crisis financiera de 2008. Hacía años que se venían produciendo burbujas financieras y estallidos de burbujas, pero ésta alcanzó al corazón mismo del mundo financiero. La globalización económica había propiciado la construcción de un Gran Casino Mundial. En aquél momento Sarkozy percibió una falla de tal calibre que pidió a los líderes mundiales “refundar el capitalismo”. No se hizo nada parecido a una reforma que impidiese que esto volviese a ocurrir. Se preservaron los paraísos fiscales, se rescató con fondos y políticas públicas a la banca y se nos explicó que la crisis se originó porque “vivíamos por encima de nuestras posibilidades”. Ciertamente era así pero no por las razones y en el sentido en que se expresó para justificar lo que vino a continuación. El grupo de interés más poderoso a nivel mundial aprovechó el shock como oportunidad para impulsar la agenda de recortes en políticas sociales y de avance en la privatización de los servicios públicos. Hoy sufrimos la consecuencia de haber debilitado nuestro Sistema Público de Salud.

La tercera gran prueba es esta pandemia provocada por el coronavirus. Como en las anteriores, se nos presenta una bifurcación. Podemos aprovechar el parón sin precedentes al que nos hemos visto sometidos como oportunidad única para pensar y cambiar el rumbo o podemos asistir a un nuevo juego de malabares por medio del cual, poderosos sectores aprovechen el shock para imponer su agenda y seguir corriendo hacia el abismo, inyectando enormes cantidades de dinero público en la reconstrucción de la “normalidad”.

En las dos crisis anteriores hubo movimientos sociales contra la Guerra y contra la gestión política de la crisis. No fueron suficientes para influir en el rumbo que marcó la POLIS, pero supusieron un avance en despertar de la ciudadanía, en toma de conciencia, en construcción de la CIVITAS. También esta crisis está permitiendo avanzar el nivel de conciencia ¿Será una base suficiente para un cambio de rumbo? Aún no lo sabemos.

Hemos visto estos días como los gobiernos más afines a los más poderosos intereses económicos, el británico y el estadounidense, han sido los que más se han resistido a dar prioridad a la salud y a la vida sobre la economía. Y en nuestra tierra, vemos como el gobierno andaluz aprovecha la situación de shock como oportunidad para aprobar el Decreto Ley de Mejora y Simplificación de la Regulación para el Fomento de la Actividad Productiva en Andalucía, que elimina los limites ambientales a la actividad económica, allana el camino a proyectos urbanísticos especuladores, impulsa nuevos campos de golf en una tierra que sufrirá sequías persistentes como consecuencia del cambio climático y favorece las grandes superficies comerciales frente al comercio de barrio y frente a los agricultores y ganaderos.

Frente a esta hoja de ruta que nos lleva más rápido hacia el abismo y que ignora las evidencias científicas, proponemos a la sociedad andaluza construir las bases de un cambio de rumbo para Andalucía que nos permita vivir mejor respetando los límites y los ciclos de la naturaleza, cuidando a las personas y al resto de los seres vivos. Partimos de la visión de que en Andalucía tenemos mucho que ganar acoplando la economía a nuestro territorio, asentando nuestra prosperidad en el buen uso de nuestros recursos naturales, sociales, culturales y humanos. Somos plenamente conscientes de nuestro enorme potencial y de nuestra abundancia de esos recursos, lo cual nos hace confiar en la capacidad de Andalucía de salir adelante. Y somos conscientes de que el cambio de rumbo sólo será posible si está asentado sobre una base solidaria y justa.

Para ello proponemos a la sociedad andaluza impulsar nuestra soberanía construyendo cinco grandes pilares.

1/ La Soberanía Alimentaria de Andalucía es el primer pilar, el tronco que sostiene al árbol y a todas sus ramas. Es un aprendizaje de la Emergencia Sanitaria: puede parar toda actividad económica menos el sector primario y sus cadenas de suministro hasta llegar a las tiendas de barrio próximas a nuestros hogares. Estamos aprendiendo a valorar un trabajo que permanecía casi invisible hasta que nuestros agricultores tomaron nuestras ciudades con sus tractores. Junto a agricultores y ganaderos, transportistas, reponedores, dependientes y cajeras o cajeros nos aseguran disponibilidad de alimentos. Están en primera línea de la cadena de cuidados que sustenta la vida. Todos ellos y ellas insuficientemente valorados. Nuestro sector agroalimentario andaluz tiene la capacidad de alimentarnos de forma sostenible y saludable sobre la base de unas condiciones justas. Tenemos magníficas huertas, campos de cereal y esa joya que son las dehesas. Es preciso orientar el sector primario principalmente al consumo interior y reducir el comercio internacional de alimentos. No tiene sentido y es insostenible que los alimentos que llegan a nuestra mesa recorran 4.000 km de media. Necesitamos desarrollar canales cortos y justos de distribución al sector primario y crear un sólido sector agroindustrial andaluz.

2/ La soberanía energética de Andalucía es el segundo pilar, el que sustenta la economía. Hoy dependemos en un 80% de energía primaria importada, fundamentalmente de petróleo y gas. Sin embargo, somos ricos en recursos naturales, en sol y viento. Tenemos la tecnología necesaria para aprovecharlos y una buena base empresarial andaluza. Podemos reducir y gestionar mejor la demanda de energía que necesitamos para ser autosuficientes. Podemos hacerlo impulsando las comunidades energéticas en distintas escalas, para producir y consumir nuestra propia energía de forma cooperativa, reduciendo al tiempo drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

3/ La soberanía económico-productiva. Andalucía depende en un 80% de la fábrica global. La crisis del coronavirus ha dejado al descubierto que nuestro tejido productivo no estaba preparado para proveernos de simples mascarillas y de respiradores. También, que en situación de emergencia lo sabemos hacer. Grupos voluntarios andaluces están fabricando mascarillas en nuestras universidades. Investigadores de Málaga han preparado rápidamente un prototipo de respirador. Nos hemos dado cuenta de lo vulnerables que nos ha vuelto la deslocalización empresarial. Tenemos que re-localizar nuestra economía, producir en Andalucía la mayor parte de lo que consumimos en Andalucía imitando los ciclos cerrados de la naturaleza para reducir residuos y garantizar la disponibilidad de recursos a las generaciones futuras. Estamos redescubriendo nuestra capacidad para hacer por nosotras y nosotros mismos cosas que antes contratábamos o adquiríamos en el mercado. Tenemos que cambiar el modelo productivo re-equilibrando el reparto del trabajo remunerado y no remunerado. Hemos aprendido que buena parte de la actividad laboral se puede realizar desde casa ayudando a compatibilizar trabajo asalariado y trabajo de cuidados, al tiempo que se reduce drásticamente el consumo de energía y la consecuente contaminación.

4/ Poner la vida y los cuidados necesarios para mantenerla saludable en el centro. Pero si algo estamos aprendiendo en esta emergencia sanitaria es a darnos cuenta de la importancia de los cuidados de todo tipo que precisamos. Asistimos con horror a la tragedia que está ocurriendo en las residencias de mayores, sin recursos, sin medios, con personal precarizado. Asistimos al drama de las personas que han perdido sus trabajos, sus negocios o sus ingresos. Emergen redes informales de cuidados auto-organizadas y se reactivan redes solidarias ya existente. Nos damos cuenta de que no se puede sostener un confinamiento si no se asegura un mínimo vital a toda la ciudadanía y emerge, al centro del debate, la Renta Básica, junto con la necesidad de disponer de vivienda digna asequible y de servicios públicos universales. Si queremos cambiar de rumbo tendremos que repartir mejor los cuidados, retribuirlos mejor, garantizar un mínimo vital y unos servicios públicos universales para no dejar a nadie atrás. Hemos aprendido también que cuidarnos es poder respirar aire limpio y vivir en ciudades menos ruidosas. Y que podemos lograrlo si no volvemos a la normalidad en la forma de movernos. Podemos hacerlo de forma más saludable si aprovechamos el parón para replantearnos las prioridades, compartir recursos y activar las alternativas de transporte público que necesitamos como complemento a nuestra propia capacidad de movernos por nosotros y nosotras mismas, con nuestras piernas y con medios no contaminantes.

5/ Necesitamos soberanía política para tomar las decisiones adecuadas que impulsen el cambio de rumbo. Este es el quinto pilar. Si queremos activar esta hoja de ruta y no la que propugnan quiénes quieren seguir haciéndonos creer que el emperador está lujosamente vestido, necesitamos distribuir mejor el poder. Recuperar la Polis tal como fue concebida en Grecia: como lugar dónde hacernos co-rresponsables todas las personas de la gestión de lo común, con plena capacidad para tomar decisiones. Disponiendo para ello de medios de comunicación independientes del Emperador, con información veraz. Necesitamos escuchar a los científicos cuando nos presentan evidencias que nos advierten de que disponemos de apenas diez años para cambiar de rumbo. Si no lo hacemos el cambio climático entrará en un círculo vicioso fuera de control y las pruebas a las que nos veremos sometidos serán cada vez más frecuentes, más duras y nos cogerán con menos capacidad de resiliencia y resistencia. Resistiré, la canción que se ha hecho popular en nuestros balcones y azoteas cobra un nuevo sentido. Resistiremos si lo hacemos juntas, de forma solidaria y cooperativa, si aprovechamos el parón para cambiar de rumbo y recuperar los múltiples equilibrios rotos: sociales, económicos, ambientales, de género y generacionales y políticos.

Andalucía Más Verde

Jornadas sobre respuestas políticas a la Emergencia Climática. Equo Verdes Andalucía, Jaen 14-15 de septiembre de 2019

Esta semana el movimiento 2020 Rebelión por el Clima ha pasado a la acción directa no violenta. Estamos en #emergenciaclimática Universidades, ayuntamientos, parlamentos la están decretando. Las evidencias científicas son aplastantes y el tiempo para cambiar de rumbo se agota. Es una paradoja que el parlamento español se haya disuelto al día siguiente de decretar la emergencia climática. Es una gran irresponsabilidad que da poca credibilidad a la medida. Es necesario recordar que los partidos que la han suscrito no hablaron de este tema en los debates electorales de la campaña del 28 de Abril. En Jaen, en vísperas de las movilizaciones por el Clima, convocados por Equo Verdes Andalucía nos dimos cita para ver qué respuesta podemos dar a esta situación desde la política.

¿Por qué estamos en emergencia climática? ¿Qué consecuencias puede tener? ¿Cómo abordar el tema desde la política? Ante todo, tenemos que hablar claro, como nos pide la juventud, tanto de las causas como de las consecuencias de seguir sin hacer lo suficiente. Cada año siguen subiendo las emisiones contaminantes al ritmo del crecimiento de la economía consumista de usar y tirar. No podemos seguir con ese modelo y no podemos seguir quemando petróleo, gas y carbón. En frente tenemos intereses económicos muy poderosos a los que nos tenemos que enfrentar con un gran pacto político y social que nos permita construir mejores condiciones para quienes habitamos el planeta y para las generaciones futuras.

Necesitamos una respuesta política a la altura del reto gigantesco al que nos enfrentamos fundada sobre los principios de justicia, equidad, solidaridad y cooperación. Con las generaciones presentes y futuras de todo el planeta. A esa respuesta le llamamos Un Nuevo Contrato Social Verde o Green New Deal.

¿En qué consiste el Green New Deal o Nuevo Contrato Social Verde?

Dónde están nuestras amenazas está también nuestra oportunidad. Los cambios a emprender requieren grandes inversiones en sectores verdes intensivas en creación de empleo. Al mismo tiempo es una oportunidad de impulsar el cambio social y profundizar en igualdad y justicia social. Se requiere pedagogía social, implicando a la población en el diagnóstico del problema y en la búsqueda de soluciones. Y se requieren ambiciosas políticas públicas que impulsen y escalen soluciones que funcionan y que en muchos casos ya está implementando la sociedad de abajo a arriba:

  • En rehabilitación energética de edificios para reducir el consumo de energía y por tanto las emisiones de CO2. Tenemos que ir rápidamente hacia edificios de consumo cero, autosuficientes energéticamente. De paso combatiremos la pobreza energética y crearemos empleo en el sector de la construcción sostenible.
  • En transporte urbano, interurbano y de mercancías, para reducir el tráfico privado en circulación y reducir así las emisiones de vehículos privados y electrificar rápidamente el transporte público. Iremos hacia ciudades y carreteras con menos coches. Con aire más limpio, con más y mejor espacio público para pasear y para encontrarnos con nuestras vecinas y vecinos.
  • En energías renovables, poniendo a producir nuestros tejados en viviendas, edificios públicos y empresas. De manera distribuida y cooperativa preferentemente.
  • En economía circular, para suprimir la cantidad de plásticos y otros materiales en circulación y avanzar rápidamente hacia residuos cero, creando empleo en la “minería urbana”.
  • Con una nueva ordenación del territorio que recupere una relación más equilibrada entre la ciudad y el campo, apostando por un medio rural vivo como motor de la transición ecológica. Con un ambicioso plan forestal, apoyando la ganadería extensiva y la artesanía de sus productos cárnicos y lácteos derivados, recuperando los saberes agrícolas tradicionales y las nuevas técnicas de manejo agroecológico. Ofreciendo vivienda y empleo al mundo rural y a la juventud desempleada de nuestras ciudades. Con ciudades llenas de árboles, fachadas y terrezas verdes, para reducir la temperatura e incrementar los sumideros de CO2. Ciudades más limpias, más vivas, con más comercio de cercanía con más viviendas asequibles, más seguras para niños y niñas que recuperarán las calles, más seguras para todas.
  • Con medidas de reparto del trabajo productivo y de cuidados, de forma equitativa entre hombres y mujeres.
  • Con una red social que garantice derechos para todas: en educación, salud, vivienda, transporte público y con ingresos mínimos garantizados mediante una Renta Básica Universal.
  • Con más y mejor democracia, tanto representativa como participativa, porque el gran pacto social no se sostiene sin la participación de todas las personas implicadas que pasaremos de ser espectadoras y consumidoras a ser, ante todo, ciudadanas.
  • Con más igualdad entre hombres y mujeres

Estas son las ideas fuerza de las que partimos para elaborar nuestro programa. Con soluciones ya aplicadas con éxito y que necesitamos escalar e implementar en muy poco tiempo. Pero la principal conclusión es que el Plan de Acción, o mejor dicho los planes de acción que tendremos que elaborar en municipios, parlamentos autonómicos y estatales, en universidades y empresas, tendrá que ser resultado de amplios procesos participativos bien informados y bien conducidos metodológicamente. Tenemos poco tiempo, enormes dificultades, pero tenemos una oportunidad de activar una espiral virtuosa que genere esperanza.

Os habéis quedado sin excusas, y nos estamos quedando sin tiempo

Extraigo esta frase de la declaración de la joven sueca Greta Thunberg que, a sus quince años, se subió a la tribuna de la Cumbre Mundial del Clima y se enfrentó a los líderes mundiales. No esperaba nada de ellos, pero terminó su discurso advirtiéndoles que el cambio ha empezado, les guste o no les guste. Os recomiendo ver el video y leer su alocución, que aparece copiada íntegramente debajo del mismo.

Extraigo aquí esta cita suya para provocar la reflexión y diálogo:

“tenemos que hablar claro, no importa qué incómodo sea. Vosotros solo habláis de crecimiento económico verde eterno porque tenéis demasiado miedo de ser impopulares. Solo habláis de moverse hacia adelante con las mismas malas ideas que nos han metido en este desastre, incluso cuando lo único sensato es tirar del freno de emergencia. No sois lo suficientemente maduros para decir las cosas como son, incluso esa carga nos dejáis a nosotros(as), los(as) niños(as)”

Me he pasado la pasada campaña electoral andaluza lanzando este mensaje. Tenemos que hablar claro, advertir a la gente el peligro al que nos enfrentamos como hace esta niña y como hacen los científicos. Si los nacionalistas hablan del peligro que supone Cataluña para la unidad de España, ¿cómo no hablar nosotros del peligro que supone el crecimiento ilimitado en un planeta finito? El cambio climático, el incremento de los fenómenos extremos, con sus olas de calor, sus olas de incendios, sus inundaciones, el azote de sus tornados y huracanes, no son otra cosa que la consecuencia del crecimiento económico por encima de los límites. Y hay que decir, como dice esta niña, que no podemos seguir repitiendo como un mantra que queremos un crecimiento, aunque sea un crecimiento verde. Porque la realidad es que la demanda de energía que este crecimiento provoca no estamos pudiendo cubrirla y no vamos a poder hacerlo en el futuro, con renovables: crecen más despacio que la demanda de energía derivada del crecimiento económico. Las emisiones de CO2 a la atmósfera llevan creciendo sin parar, casi 30 años después de la cumbre del Clima de Kyoto, porque la demanda creciente de energía significa más quema de carbón y más quema de petróleo y gas. No basta impulsar la transición energética, es necesario reducir drásticamente la demanda de energía y es posible hacerlo. Si estamos dispuestos a repensar como satisfacemos las necesidades humanas y a reordenar nuestros valores, para tener claras la prioridades. Para poder satisfacer las necesidades básicas de la humanidad dentro de los límites.

Vuelvo a denunciar que, pese a que los cuatro partidos que participaron en el debate de Canal Sur en las pasadas elecciones llevaban en su programa medidas contra el cambio climático, ninguno de ellos habló ni de esta amenaza ni de sus propuestas. Como dice la niña: ni derecha ni izquierda son lo suficientemente maduras para decirles a la gente, a la que consideran a su vez poco madura, la verdad incómoda a la que nos enfrentamos. Ni la oportunidad, esperanzadora, que se abre haciendo frente al cambio climático.

¿Qué dicen los científicos?

La Cumbre Mundial del Clima, COP24, de Katowice, Polonia, debía haber aprobado el informe encargado por la ONU al panel de expertos científicos. Es un informe basado en evidencias irrefutables, salvo por los Trumposos. El informe 2018 del IPCC dice:

“Contamos con los recursos y el tiempo suficiente para evitar que el calentamiento global supere 1,5ºC, pero se necesita un esfuerzo sin precedentes. Si no recortamos tajantemente las emisiones industriales y de transporte, la temperatura global ascenderá a 1,5ºC en algún momento entre 2030 y 2052. Se necesitarían cambios de gran alcance y sin precedentes en cuestión de energía, industria, transporte, agricultura, ciudades y edificios. Llegar a reducir alrededor de un 45% las emisiones globales de CO2 de origen humano en 2030, respecto a los niveles de 2010, y lograr el cero neto en 2050

El informe, ha sido elaborado por más de 90 autores y editores de 40 países y basado en más de 6.000 referencias científicas. Una sociedad que presume de ser la sociedad del conocimiento prefiere ignorar el conocimiento científico, que advierte que es preciso un cambio de rumbo drástico, que resulta ser una verdad incómoda. Incómoda para los intereses de un pequeño grupo de personas de negocios tan influyentes como para llevar a Trump y Bolsonaro a la presidencia, propagando noticias basura que son tragadas con el mismo gusto con el que se traga la comida basura. Un grupo que está preparando una campaña para que la idea de América Primero, España primero, entre con fuerza en el parlamento de Europa y en todos los parlamentos autonómicos y nacionales. Unidad nacionalista frente
a la amenaza del nuevo chivo expiatorio, las personas migrantes. ¿Por qué?

Cuando sobrepasamos los límites del planeta sólo hay dos caminos: el cambio de rumbo, que implica un cambio de las relaciones de poder, para hacer frente de forma solidaria y cooperativa a los problemas globales, o la vía del nacionalismo excluyente, xenófobo, que permite una salida mucho más acorde a los intereses de los poderosos: la guerra por el espacio vital, impulsada por la idea de “nosotros primero” frente a los otros, los migrantes. Idea que sólo puede tener éxito si se logra convencer a las mayorías cabreadas, por su presente y temerosas de su futuro, de que los Trump, Bolsonaro, Salvini y compañía son la solución. En Andalucía ya sabemos quién ha cogido el guante con un éxito que ha dejado pasmada a la unidad de la izquierda, incapaz de decir una verdad, que quizá no comparte, y de plantear propuestas claras para afrontarlas

¿Qué dice la ecología política?

También la ecología política tiene que hacer autocrítica. En primer lugar, por no creerse que hay un espacio que llenar y haberse cobijado bajo la sombra de una izquierda productivista anclada en la lucha de clases. Esa falta de fe en sus posibilidades es la que explica que Equo sea una pálida sombra del partido verde europeo, en número de activistas y en recursos, y que no tenga un mensaje tan definido y claro como el que tienen los partidos oscuros que irrumpen en el mundo. Necesitamos un mensaje luminoso y claro. Y sólo necesitamos ajustar nuestra comunicación, porque los valores y las propuestas las tenemos. Extraigo aquí seis de las doce ideas fuerza que aparecen en el preámbulo del programa de EQUO INICIATIVA en las pasadas elecciones. Y veremos que están alineadas con lo que reclama esta niña y lo que piden los científicos. Tan sólo echo en falta que no hayamos empezado con el diagnóstico, con la advertencia, para que se entienda mejor cómo hacer frente a las amenazas convirtiéndolas en oportunidades, con un lenguaje un poco más sencillo.

1/ Impulsar la TRANSICIÓN ENERGÉTICA para lograr producir el 100% de la misma de forma limpia, con nuestro sol, nuestro viento y nuestros saltos de agua, apoyando el autoconsumo,  impulsando un programa de formación y empleo

2/ Impulsar la TRANSICIÓN ECOLÓGICA DE NUESTRA AGRICULTURA Y GANADERÍA, para generar alimentos sanos y de alta calidad, generando empleo en nuestro campo y devolviéndole el papel que merece como sustento de la sociedad

3/ ARTICULAR ANDALUCÍA CON REDES DE TRANSPORTE PÚBLICO Y BICICLETA El tren y los autobuses eléctricos de alta capacidad están llamados a revolucionar la forma en que nos movemos, apoyados por una amplia red viaria de prioridad ciclista y coches eléctricos compartidos.

4/ Impulsar la TRANSICIÓN ECOLÓGICA DE LA INDUSTRIA ANDALUZA, basada investigación y desarrollo para impulsar la economía circular de residuos cero

5/ REFORMA VERDE Y REDISTRIBUTIVA DE LOS IMPUESTOS para impulsar la transición ecológica de la economía y avanzar en equidad social.

6/ ESTATUTO VERDE DE LAS CIUDADES Y MUNICIPIOS. Corresponde a las ciudades y municipios ser los motores de la transición ecológica de Andalucía.

La cabecera de nuestro programa creo que presentaba un relato realista e ilusionante:

Andalucía tiene el potencial necesario para emprender un ambicioso proyecto de transición ecológica que genere empleo transformando nuestra tierra en unacomunidad verde y solidaria, inclusiva y equitativa, de raíces profundamentedemocráticas.

Tenemos sol y viento para generar nuestra propia energía limpia, mover nuestros transportes públicos y alimentar nuestros hogares y fábricas.

Tenemos suelo fértil y una sabia y rica tradición agrícola que son la garantía de nuestro sustento.

Podemos fabricar y producir en nuestra tierra la mayor parte de lo que necesitamos, con industrias limpias.

Tenemos una cultura mediterránea del buen vivir, acogedora y solidaria, creativa y emprendedora.

Necesitamos un proyecto que nos movilice, empezando por nuestra juventud, que merece tener un futuro en nuestra tierra, trabajando para ello y encontrando una vivienda asequible dónde fundar su vida.

Para hacer todo esto posible, la cooperación es el camino. La cooperación entre todas las sensibilidades políticas. No podemos permitirnos que la mayor parte de nuestras discusiones se malgasten en enfrentamientos estériles. Necesitamos una política del bien común con amplio consenso social. Cooperar en torno a objetivos compartidos ampliamente por la sociedad. El papel de la política, y eso es lo que nos anima a trabajar en EQUO Andalucía Verdes, es dar el impulso necesario para hacer posibles los principales anhelos de la sociedad. Ayudar a señalar el camino que merece la pena ser caminado, haciendo camino al andar. Caminos que ya están andando tantas y tantos andaluces y andaluzas.

Un relato que se sitúa muy lejos de lo que propone esa fuerza emergente que ha irrumpido en el parlamento proponiendo iniciar la reconquista de España, a caballo, desde Andalucía, echando al mar a los emigrantes que llegan a nuestras costas y promoviendo el pan y circo, los toros y la caza como signos patrios, al tiempo que defendiendo el castizo patriarcado frente a la amenaza feminista. ¿Vamos así a librarnos de las amenazas que nos atenazan? El reto de EQUO es impulsar un espacio transversal cooperativo que pida la unidad, basada en la fraternidad (laica o religiosa), frente a la adversidad: para que dónde unos dicen “nosotros primero” digamos “todas o ninguna”, donde unos dicen “odio” otros digamos “amor”, dónde unos digan “miedo” otros digamos “esperanza” en el futuro.

Andalucía Verde. Ideas fuerza para el programa político de Equo Andalucía

Andalucía tiene el potencial necesario para emprender un ambicioso proyecto de transición ecológica que genere empleo transformando nuestra tierra en una comunidad verde y solidaria, inclusiva y equitativa, de raíces profundamente democráticas. Tenemos sol y viento para generar nuestra propia energía limpia, mover nuestros transportes públicos y alimentar nuestros hogares y fábricas. Tenemos suelo fértil y una sabia y rica tradición agrícola que son la garantía de nuestro sustento. Podemos fabricar y producir en nuestra tierra la mayor parte de lo que necesitamos, con industrias limpias. Tenemos una cultura mediterránea del buen vivir, acogedora y solidaria, creativa y emprendedora.

Necesitamos un proyecto que nos movilice, empezando por nuestra juventud, que merece tener un futuro en nuestra tierra, trabajando para ello y encontrando una vivienda asequible dónde fundar su vida.

Y para hacerlo posible, la cooperación es el camino. La cooperación entre todas las sensibilidades políticas. No podemos permitirnos que la mayor parte de nuestras discusiones se malgasten en enfrentamientos estériles. Necesitamos una política del bien común con amplio consenso social. Cooperar en torno a objetivos compartidos ampliamente por la sociedad. El papel de la política, y eso es lo que nos anima a trabajar en Equo Andalucía, es dar el impulso necesario para hacer posibles los principales anhelos de la sociedad. Ayudar a señalar el camino que merece la pena ser caminado, haciendo camino al andar. Caminos que ya están andando tantas y tantos andaluces.

El programa que proponemos a la sociedad andaluza descansa en diez grandes líneas de acción Leer más de esta entrada

Adelante Andalucía niega la posibilidad de representación en el parlamento a Equo Andalucía dentro de la coalición

No es una buena noticia que los promotores de Adelante Andalucía, que han impulsado una candidatura para promover un cambio de modelo productivo en Andalucía, no consideren necesario que la voz de la ecología política esté representada en el parlamento. Hemos trabajado en el proyecto aportando ideas para el programa. Ideas que están siendo usadas. Pero parece que no comprenden que las ideas están encarnadas en personas y que estas personas son necesarias para defenderlas. Aquí tampoco vale “copiar el programa”. En tiempos de gran confusión, en la que el viejo paradigma productivista impregna el discurso de derecha e izquierda, es imprescindible que la ecología política esté como un actor de igual nivel pilotando la nave del cambio. No lo han entendido así Maíllo y Teresa que ya de inicio nos negaron la posibilidad usando argumentos de poder, de política vieja. Dicen que Equo no tiene fuerza suficiente como para aspirar a estar representada en el parlamento andaluz. Ignoran el valor de la fuerza de las ideas. Valor imprescindible para orientar la necesaria transición ecológica que urge impulsar. Si no lo tienen claro ponen de manifiesto una debilidad de base del proyecto: hacia dónde se debe dirigir. Falta de visión preocupante en un proyecto que no es capaz de ver sus propias limitaciones cuando de alumbrar algo nuevo se trata. Y se nos acaba el tiempo.

Seguiremos atrapados en dilemas falsos que contraponen empleo y medio ambiente, empleo y paz, y que dan prioridad al empleo aunque el precio sea la muerte de inocentes en Yemen o el calentamiento global que haga el planeta inhabitable, y finalmente, sin empleo para nadie. No se pueden encontrar soluciones a los retos de presente en Andalucía desde el paradigma productivista que comparten IU y PODEMOS. Y como no son conscientes de ello, creen que pueden prescindir de la ecología política. Su error lo vamos a pagar todos. A corto plazo será un proyecto que nace fallido y una pérdida de tiempo. Pero tal vez sea la única manera de empezar un nuevo proyecto que no se vierta en odres viejos. Tal vez la única forma de que crezca la alternativa ecológica sea desde un movimiento social, cultural económico y político que parta del nuevo paradigma sin el lastre del viejo. Como corredores de fondo que somos empezamos la carrera en solitario y pediremos el apoyo de los andaluces en las urnas para ello.

 

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