stop a la extorsión

Cien días después del cambio estamos dónde estábamos. El gobierno ha cambiado y ahora es otro presidente el que siente el aliento de los mercados financieros en el cogote. Ahora es otro quién justifica nuevos sacrificios sociales, humanos, en el altar de los mercados para ganar su confianza. Ni la reforma laboral (ni la de ahora ni la anterior), ni los presupuestos más restrictivos de la democracia son suficientes. Los mercados quieren recortes en educación y sanidad y más ayuda a los bancos que se endeudaron con la burbuja inmobiliaria. Burbuja que favorecieron las políticas del partido que ahora gobierna y las del anterior. Y el gobierno se apresta a ofertar lo que le piden sus dioses en el altar para aplacar su ira. Los que antes justificaban, desde el gobierno, la necesidad de aplacar a los mercados para evitar la intervención están ahora en la oposición.  Ellos empezaron el camino que nos llevó a aceptar la extorsión del terrorismo financiero. Camino seguido y profundizado ahora por otros. Quién se deja extorsionar debería saber que es un camino sin fin. Detrás de una extorsión siempre vendrá otra mayor. Frente a la reacción social el mensaje oficial del gobierno,  el de antes y el de ahora, es el mismo: la protesta social atenta contra los intereses de España porque mina la confianza de la bestia. Los sacerdotes de la economía neoliberal, a través de sus altavoces mediáticos, tratan de convencer a la población de que los sacrificios sociales tendrán resultado. Quiénes tenemos memoria y venimos observando la realidad de la globalización neoliberal  sabemos que no es así. Si no cambiamos de vía, si no nos rebelamos contra esta religión fanática de los mercados, sólo podemos esperar más paro, menos derechos, menos dignidad, menos sostenibilidad económica, social y ambiental. Y una farsa de democracia. Una pérdida de tiempo y de recursos públicos con un coste social que no nos podemos permitir. Islandia nos marca otra ruta y ha demostrado, frente a los pronósticos de Europa, que es posible, que  tiene mejores resultados que la vía seguida por el resto. La bestia es poderosa en recursos financieros, en creación de opinión. Pero son menos. Son un 1%. En una auténtica democracia no tiene nada que hacer. Si nos damos cuenta. Si reaccionamos. Si decimos stop a la extorsión. Si dejamos de apoyar en las urnas a los que se dejan extorsionar. La ciudadanía tiene la palabra, tiene su opción, ellos lo saben. ¿Reaccionaremos?

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