En un seiscientos blanco llegó

No era un mercedes blanco, era un seiscientos de color beige, pero me viene a la mente la canción de Kiko Veneno, que forma parte de la banda sonora de mi vida y me permito esta licencia. Todas las mañanas, a las nueve menos veinticinco, y todas las tardes, a las tres y cinco, paraba un seiscientos beige en la esquina de Portón de Tejeiro con Alhamar y el conductor empezaba a tocar el claxon. Pi, pi, piiii, piihiihiih. Era un ruido chillón, medio afónico, agónico en su desesperación.

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