En apoyo a las movilizaciones juveniles frente al cambio Climático: No podemos seguir robándoles el futuro

Las personas del mundo académico, investigador y educativo  abajo firmantes nos solidarizamos con la infancia y la juventud movilizada por una acción decidida y eficaz frente al Cambio Climático y con quienes  se pronuncian por las condiciones de vida adecuadas de las generaciones futuras.

Una Ola de esperanza, en forma de movilizaciones estudiantiles, está sacudiendo Europa de arriba a abajo. Greta Thumberg, la joven estudiante sueca está dando nombre a una generación que, contra todo pronóstico, está saliendo de las aulas para decir con ella: “Se nos está acabando el tiempo y os habéis quedado sin excusas”. Los estudiantes harán huelga y se manifestarán exigiendo la declaración del Estado de Emergencia Climática y una campaña para educar a la sociedad sobre la gravedad del Cambio Climático en curso y sobre las medidas urgentes que es preciso emprender.

Las personas del mundo académico, investigador y educativo  abajo firmantes nos solidarizamos con la infancia y la juventud movilizada por una acción decidida y eficaz frente al Cambio Climático y con quienes  se pronuncian por el futuro de la vida en el planeta.

Es una sacudida a la conciencia de las generaciones adultas, particularmente las que llevan las riendas de los gobiernos, pero también al conjunto de la sociedad que les ha dado la responsabilidad de gobernar sin pedirles que tomen medidas decisivas para frenar la crisis climática y el resto de las crisis socio-ecológicas que amenazan el futuro. Pertenecemos al  mundo científico y educativo y nos sentimos igualmente impotentes al comprobar que la llamada Sociedad del Conocimiento se limita a mirar hacia la academia y los centros de enseñanza en busca de saberes instrumentales y  útiles para seguir haciendo negocios como siempre, incrementando la competitividad, mientras da la espalda al conocimiento científico que acumula evidencias de que la civilización y la vida se acerca rápidamente hacia el colapso, precisamente por seguir haciendo los negocios como siempre. Desde las universidades estamos elaborando propuestas para avanzar hacia una nueva cultura económica orientada al bien común, una nueva cultura del agua, de la energía, agroalimentaria, de la movilidad, de la salud, de la ordenación del territorio y las ciudades, de la igualdad y de los derechos. Estamos trabajando proponiendo nuevos modelos educativos y comunicativos que nos permitan comprender y actuar con más responsabilidad ante los graves retos del futuro. Hablamos de estos temas en las aulas con nuestros estudiantes y lideramos proyectos de investigación, pero nos damos cuenta de que no es suficiente: el mundo de los grandes negocios y el mundo de la política, nos lleva directos al colapso climático, alimentario, energético, de acceso al agua potable, poblacional y migratorio, a la gran extinción de especies. No paramos de acumular evidencias científicas y no sabemos ya cómo decirlo para que la voz del conocimiento llegue a la sociedad y reaccione antes de que ya sea demasiado tarde.

Desde los centros de investigación, estamos dando respuesta a lo que reclaman los científicos del panel de Cambio Climático de la ONU en el informe que se debía haber aprobado en la Cumbre Mundial del Clima de 2018, en Katowice (Polonia) y que encontró la oposición de los países liderados por Trump:

“Contamos con los recursos y el tiempo suficiente para evitar que el calentamiento global supere 1,5ºC, pero se necesita un esfuerzo sin precedentes. Si no recortamos tajantemente las emisiones industriales y de transporte, la temperatura global ascenderá a 1,5ºC en algún momento entre 2030 y 2052. Se necesitarían cambios de gran alcance y sin precedentes en cuestión de energía, industria, transporte, agricultura, ciudades y edificios. Llegar a reducir alrededor de un 45% las emisiones globales de CO2 de origen humano en 2030, respecto a los niveles de 2010, y lograr el cero neto en 2050”.

Nuestra juventud ve truncado su futuro por falta de empleo, precariedad laboral y precio inasequible de la vivienda. Son graves problemas que dieron lugar al movimiento conocido como Juventud Sin Futuro. Nuestros hijos e hijas son migrantes en busca de trabajo y proyecto vital, porque en nuestra tierra las políticas de los adultos gobernantes han preferido sacrificar su futuro para alargar las oportunidades de ganancia de una minoría. Ahora empiezan a darse cuenta de que les estamos robando algo más importante y difícil de afrontar. Su generación no tendrá oportunidad de contener el Cambio Climático dentro de unos límites no catastróficos: es tarea a resolver ahora o nunca. Como miembros de la comunidad científica y educativa, desde nuestro compromiso social por la justicia social y climática, apoyamos el movimiento emprendido por la gente joven y les decimos que nos tienen a su lado. Son nuestra esperanza.

Promueven:

Dr. Esteban de Manuel Jerez, Profesor del Máster de Ciudad y Arquitectura Sostenible, director de la revista Hábitat y Sociedad, (US)

Victoria Quintero Morón, Profesora, Departamento de Antropología Social (UPO), Miembro de la Red de Antropología Ambiental

Dr. Valeriano Ruiz Hernández, Catedrático de termodinámica, Ex presidente del Instituto Andaluz de Energías Renovables y de Protermosolar

Dra. Lina Gavira Álvarez, Departamento de Sociología, ex miembro del Comité Andaluz para la Sociedad del Conocimiento (US)

Leandro del Moral Ituarte, catedrático de la Universidad de Sevilla, departamento de Geografía Humana

Dra. Itziar Aguirre Jiménez, Profesora de Agricultura Ecológica (US)

Dr. Ricardo Marques Sillero, catedrático de electromagnetismo y experto en movilidad sostenible (US)

Dra. Carmen Rodríguez Morilla, profesora de Economía Aplicada, Economía del Bien Común, Universidad de Sevilla

Dr. Francisco F. García Pérez, Catedrático de Didáctica de las Ciencias Sociales (US)

Dr. Juan Torres López, Catedrático de Economía Aplicada (US)

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¿cerramos el casino?

El capitalismo financiero se caracteriza por su voracidad para buscar y encontrar filones en los que incrementar rápidamente sus ganancias. Y la fórmula encontrada es muy simple: especular, apostar a la subida o bajada de los valores (bolsa), el precio de los combustibles, el precio de alimentos básicos, el suelo y la edificación … ahora han encontrado una verdadera mina  en la deuda pública. Los mecanismos de la  especulación se conocen y aplican desde antiguo. Lo novedoso es la inmesidad y concentración del capital acumulado en fondos de inversión que supera en cifras de vértigo a la economía real sobre la que supuestamente se asientan. Es una gran burbuja. Y son nuevas también las relaciones entre los gestores de esos fondos de inversión y las agencias de calificación de riesgo. Las agencias suben o bajan las calificaciones de productos como las subprime (fondos calificados como altamente seguros en su momento) o convierten en bono basura los títulos de deuda pública de un estado (tradicionalmente considerada la inversión más segura). Y al subir o bajar estas calificaciones, los fondos de inversión ligados a ellas ganan siempre inmensas cantidades. Cantidades que no salen de la nada. Salen de la economía real, de que todos paguemos más por la gasolina, por los alimentos, por una vivienda o porque una porción mayor de los ingresos públicos (aportados por todos) vayan a manos de esos gestores de fondos inversión privados.

La cuestión que que se plantea ahora es si los gobernantes, responsables de gestionar los fondos públicos, van a seguir consintiendo que jueguen a la ruleta rusa trucada con nuestra deuda o van a irrumpir y cerrar de una vez por todas el Gran Casino. Para ello será condición imprescindible que crezca la conciencia ciudadana, que con ella crezca la indignación y que de la indignación surja una ciudadanía que esté dispuesta a dar un vuelco a este indecente juego. Desde Democracia Real Ya se ha puesto en marcha la firma de una declaración Ciudadana contra la especulación con la deuda pública. Entra y si estás de acuerdo entra aquí firma y difúndela.  Somos más. Estamos hartos.

Más info en http://blog.dryasturies.org/?p=533. O en el artículo de Vicenç Navarro Las Causas Políticas de la crisis

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