Una de cal y una de arena

 

Llevamos dos veranos seguidos en los que los mercados, y quiénes gobiernan para ellos, parecen empeñados en no dejarnos descansar. Los especuladores están aprovechando para hacer su agosto y los gobernantes se ocupan de que la factura la paguemos nosostros. El mal gobierno está dispuesto a dejar sin  pan ni casa a quiénes nada tienen, a negarles los 400 € que les corresponden a quiénes no tienen otros ingresos. Es otra línea roja que no  no podemos permitirnos  franquear. En ello estamos. Con cerca de seis millones de paradados, resultado del fracaso del modelo productivo impulsado por los sucesivos gobiernos de España y de las polítcas de recortes destructoras de empleo emprendidas tras el estallido de la crisis, esta medida es socialmente cruel y radicalmente injusta. No se puede amnistiar a los grandes defraudadores y quitar el dinero a los pobres para salvar a los banqueros. Acciones como las organizadas por el SAT, con el asalto a los supermercados, ponen el dedo en la llaga. Si el Estado abandona cualquier principio de justicia y de equidad social está éticamente justificado dar de comer a quiénes nada tienen tomándolo de a quiénes sobra. Así se lo recuerda el teólogo González Faus al ministro de interior. Y el economista Juan Torres, compañero admirado, saca las cuentas traduciendo a carritos de comida, algunos de los grandes robos consentidos y amparados por el gobierno. Al gobierno de los mercados le indigna que los jornaleros no les dejen descansar en agosto. Les indigna que el asalto organizado a los (super)mercados pueda dañar la imagen de España. No se dan cuenta de que para dañar la  imagen de España les basta y sobra con nuestro presidente de gobierno. Yo más bien veo que  los jornaleros del  SAT nos dan una lección de dignidad. ¡Y han dado en la diana! Leer más de esta entrada

stop a la extorsión

Cien días después del cambio estamos dónde estábamos. El gobierno ha cambiado y ahora es otro presidente el que siente el aliento de los mercados financieros en el cogote. Ahora es otro quién justifica nuevos sacrificios sociales, humanos, en el altar de los mercados para ganar su confianza. Ni la reforma laboral (ni la de ahora ni la anterior), ni los presupuestos más restrictivos de la democracia son suficientes. Los mercados quieren recortes en educación y sanidad y más ayuda a los bancos que se endeudaron con la burbuja inmobiliaria. Burbuja que favorecieron las políticas del partido que ahora gobierna y las del anterior. Y el gobierno se apresta a ofertar lo que le piden sus dioses en el altar para aplacar su ira. Los que antes justificaban, desde el gobierno, la necesidad de aplacar a los mercados para evitar la intervención están ahora en la oposición.  Ellos empezaron el camino que nos llevó a aceptar la extorsión del terrorismo financiero. Camino seguido y profundizado ahora por otros. Quién se deja extorsionar debería saber que es un camino sin fin. Detrás de una extorsión siempre vendrá otra mayor. Frente a la reacción social el mensaje oficial del gobierno,  el de antes y el de ahora, es el mismo: la protesta social atenta contra los intereses de España porque mina la confianza de la bestia. Los sacerdotes de la economía neoliberal, a través de sus altavoces mediáticos, tratan de convencer a la población de que los sacrificios sociales tendrán resultado. Quiénes tenemos memoria y venimos observando la realidad de la globalización neoliberal  sabemos que no es así. Si no cambiamos de vía, si no nos rebelamos contra esta religión fanática de los mercados, sólo podemos esperar más paro, menos derechos, menos dignidad, menos sostenibilidad económica, social y ambiental. Y una farsa de democracia. Una pérdida de tiempo y de recursos públicos con un coste social que no nos podemos permitir. Islandia nos marca otra ruta y ha demostrado, frente a los pronósticos de Europa, que es posible, que  tiene mejores resultados que la vía seguida por el resto. La bestia es poderosa en recursos financieros, en creación de opinión. Pero son menos. Son un 1%. En una auténtica democracia no tiene nada que hacer. Si nos damos cuenta. Si reaccionamos. Si decimos stop a la extorsión. Si dejamos de apoyar en las urnas a los que se dejan extorsionar. La ciudadanía tiene la palabra, tiene su opción, ellos lo saben. ¿Reaccionaremos?

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