Sevilla necesita un ambicioso Plan para convertirse en una ciudad sostenible

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Recientemente el ayuntamiento de Sevilla ha aprobado el Plan de Acción para el Clima y la Sostenibilidad. La lectura del mismo nos produce frustración. Lo hemos analizado al fondo y hemos llegado a una conclusión: se hace trampas al solitario. No hay detrás del plan un proyecto de ciudad, producto de un amplio consenso social, requisito indispensable para que nos lo podamos tomar en serio. La participación ha sido nula. No se ha aprovechado el gran caudal de conocimiento generado en las Universidades públicas de Sevilla, en el tejido empresarial vinculado a la energía sostenible, en las asociaciones que vienen trabajando por una ciudad accesible, basada en la alianza de transporte público y movilidad activa. Es un mal documento en su ejecución, con corta-pega de la guía europea y del primer plan de 2010 (se habla de medidas a largo plazo refiriéndose a 2020…), con acumulación de datos que no se interpretan para sacar conclusiones, sin una visión de estrategia, sin mecanismos de coordinación en su elaboración. Frente a la integralidad que requieren este tipo de actuaciones nos encontramos un plan dividido en compartimentos estancos en el que cada departamento municipal propone una serie de medidas aisladas unas de otras. Y sobre todo nos encontramos con un juego que se hace trampas con el uso de la calculadora de huella de carbono. Se introducen medidas ya ejecutadas y amortizadas, contándose así su efecto dos veces, se confía en que los ciudadanos van a renovar de aquí a 2020 sus vehículos por otros más eficientes, incluyendo por cierto una medida estatal, el plan Renove, que no debería figurar en el plan. Y no contento con tomar una previsión optimista de los vehículos sustituidos, multiplica por dos su efecto. Se contabilizan reducciones de emisiones de edificios ineficientes sin que se presupueste más que su auditoria y nada se nos diga de intervenciones de rehabilitación, …

Llama la atención el contraste entre las ciudades europeas que se toman el tema en serio y que han movilizado todos sus recursos, públicos y privados, del conocimiento y de la iniciativa social, para lograr objetivos ambiciosos, con lo que propone el ayuntamiento de Sevilla. Y sobre todo llama la atención unos tengan que hacer tanto y nosotros tampoco para llegar a los mismos resultados. O las ciudades más avanzadas son muy torpes o el redactor del Plan de Sevilla es demasiado listo. Lo peor no es que se engañe y trate de engañarnos. Es que la publicidad que ha dado el ayuntamiento a este plan diciendo que vamos a conseguir reducir en un 40% la reducción de emisiones de aquí a 2020 es desmovilizadora. Y si algo necesitamos, y la propia guía europea lo advierte, es movilizar a la sociedad (si quieres leer más y encontrar referencias te recomiendo leer el artículo que publico en mi blog de Sevilla Directo)

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