Clases en la calle: Aprendiendo de HYTASAL

Aprendiendo de HYTASAL con Julián Sobrino

Aprendiendo de HYTASAL con Julián Sobrino

Ayer nos fuimos con los estudiantes de Levantamiento y Análisis de Arquitectura a aprender a HYTASAL, lo que queda de la antigua HYTASA, empresa textil andaluza, cooperativa de trabajadores, puntera en tecnología, que a falta de un rescate o un inversor, está en pleno ERE. Tienen una fábrica magnífica, muy desconocida en la ciudad, proyectada por Carlos Fernández Casado en 1961 y cuya estructura, de bóvedas de hormigón sobre pórticos, fue ensayada en el Instituto Eduardo Torrojas. Es un magnífico edificio, de una enorme racionalidad constructiva y estructural, funcional, que impresiona por su luminosidad natural, difuminada por la textura que el encofrado de madera dejó en la superficie de hormigón. En una de las naves, ya desocupada,  Julián Sobrino nos dió una lección de cómo recuperar y revitalizar el patrimonio. El sueño de Julián es que la fábrica vuelva a ser productiva vinculando centros de innovación y diseño de la universidad con la iniciativa empresarial de los trabajadores. Para ello rememoró el Deutch Werkbund, la asociación  entre arquitectos, artistas e industriales fundada por Muthesius en 1907 que sentó las bases de la arquitectura moderna, de la escuela de la Bauhaus y que imprimió carácter propio al desarrollo industrial del pais. Algo que hoy nos sigue sirviendo de inspiración. Frente a un  contexto que no ofrece a los estudiantes de arquitectura otra salida que la emigración, a la fábrica textil de HYTASAL otra opción que el cierre y a este magnífico edificio, otro horizonte que la demolición o el abandono, ¿podrá la colaboración entre nuestros jóvenes universitarios, nuestros centros de investigación y diseño y la capacidad de los cooperativistas devolver a la actividad productiva a la fábrica? Un primer recorrido por el edificio contribuyó a despertar nuestra imaginación. En las próximas semanas vamos a realizar un trabajo de levantamiento y análisis del edificio que nos permita poner en valor su enorme potencial y contribuya a encontrar soluciones de futuro para la fábrica.

Re-habitar el patrimonio

En tiempos de falta de recursos económicos, los recursos creativos e imaginativos son imprescindibles. La película documental “Un Encuentro” de Juan Bollaín, arquitecto y director de cine, nos narra, en diálogo con el relato de Juan Domingo Santos, la historia de la re-habitación de la torre de una antigua fábrica de azúcar abandonada. Juan Domingo, soñó este proyecto semana a semana en sus viajes en tren entre Sevilla y Granada. Cuando acabó la carrera de arquitectura empezó a re-habitar este espacio abandonado. A interpretarlo desde la experiencia de habitarlo. En la película y en el debate posterior, que cerró las actividades conmemorativas del 50 Aniversario de la Escuela de Arquitectura de Sevilla, nos transmite un mensaje que es una llamada de máxima actualidad: cuando se sueña algo con mucha intensidad es muy probable que el sueño se haga realidad. Hoy, cuando los recursos públicos y privados son escasos, cuando las perspectivas para el futuro son de que sean cada vez más escasos, no podemos pensar en la recuperación del patrimonio en los términos en que lo hemos hecho en los últimos años. Años de vacas gordas, tiempos de nuevos ricos. Re-habitar el patrimonio es fundamental para frenar su proceso de deterioro. Tenemos mucho patrimonio por re-habitar y mucha necesidad de espacios para actividades productivas, creativas y de alojamiento que no son satisfechas por un mercado cuyos precios son inaccesibles para gran parte de los demandantes de los mismos. Urge regular la ocupación re-habitadora, como han hecho países como Holanda o Gran Bretaña. Juan Ocaña es un pionero. No sólo ha instalado aquí un estudio de arquitectura de los más punteros sino que está realizando una encomiable labor pedagógica llenándolo de actividades que dan a conocerlo experiencialmente. Son muchos los estudiantes de proyectos de arquitectura que han llenado de contenido esta fábrica ya no abandonada. Lleva 30 años re-habitándose.

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