¿Hacia dónde vamos?

Lo primero que necesitamos para afrontar la crisis es tener una visión compleja de la misma, que relacione sus dimensiones económica, financiera, social, política y ambiental y que las afronte todas de forma simultánea e interrelacionada. Ojalá todo fuera tan simple como un mero cambio de gobierno para recuperar la confianza y reactivar la economía, una imposible vuelta al modelo de 1996, nos proponen unos, o esperar a que cambie la coyuntura internacional para seguir haciendo lo que hacíamos, nos piden otros. Necesitamos ideas nuevas, poderosas y no las encontramos en los escleróticos partidos que nos han gobernado o que nunca han sido capaces de construir una verdadera alternativa. Leer más de esta entrada

Video entrevista en El Rollo Higiénico: transición cultural para una nueva civilización

El Rollo higiénico es una buena iniciativa social y cultural que merece la pena conocer, seguir y apoyar. Es una muestra de cómo con pocos medios se pueden crear espacios culturales. En esta entrevista hablo del papel estratégico que tendrá el pensamiento crítico y creativo en la gran transición que necesitamos emprender hacia una civilización más sabia, más humana, más justa y en equilibrio con la naturaleza

La vía, pensando alternativas para la humanidad con Edgar Morin

Acabo de terminar la lectura de La Vía Para el Futuro de la Humanidad de Edgar Morin y me surge la necesidad de compartir las sugerencias que me ha aportado su lectura así como de recomendarla vívamente. Es preciso situar el libro en la trayectoria del autor, en el momento en que está escrito, en su estrategia. Es un libro oportuno y oportunista que sale del circuito minoritario, de las estanterías de la tercera planta de la Casa del Libro y entra en el del gran público, en las mesas de best-seller de su planta baja. Mi ejemplar, adquirido el día que se distribuyó en España, el quince de junio, tiene una portada con un diseño  inaudito en la obra de Morin, con la fotografía a contraluz, con el sol poniente, de una carretera secundaria entre páramos, en la que se vislumbran unos aerogeneradores eléctricos en el horizonte. En rojo se destaca una cita de Stéphane Hessel, autor de ¡Indiganaos!, en la que nos dice: “Las respuestas a los problemas de nuestra sociedad hay que buscarlas en otro libro: La Vía, de Edgar Morin”, al tiempo que nos informa de que se han vendido más de 100.000 ejemplares en Francia. Es pués un libro dirigido a todos, a esa sociedad que en todas partes está despertando y está ávida de respuestas, de alternativas, al estado del malestar al que nos lleva la economía, el pensamiento y la política neoliberal.

Ante todo es un libro divulgativo, de madurez, de una extraordinaria lucidez, escrito desde la privilegiada atalaya de los 90  años de su autor, tras una vida dedicada a impulsar la reforma del pensamiento, a urgirnos en la necesidad de pensar de forma compleja para comprender la complejidad  de los retos de la humanidad en su globalidad. Para los que somos asiduos lectores de sus libros éste nos aporta una síntesis más amplia y más dirigida a la acción transformadora, multidimensional, que haga posible una metamorfosis de nuestra civilización. Metamorfosis, que como ha venido escribiendo en diversos artículos en los últimos años, abre una puerta de esperanza dónde la esperanza parecía haberse borrado del horizonte. Una esperanza fundada en la idea de que lo improbable, un salto cualitativo en la humanidad, es posible, como se ha podido comprobar repetidamente en la historia, siempre de forma imprevista, inimaginable con anterioridad. Pensemos en el derrumbe del viejo orden de las monarquías absolutas en Europa que se estaba fraguando bajo los cimientos de una aristocracia que creía vivir en un mundo estable, tan genialmente expresada en el cuadro del Columpio de Fragonard, pintado en 1767. ¡Qué ajena y despreocupada ante el desmoronamiento del orden social que se aproximaba se nos muestra la joven retratada! Frente al mensaje de que estamos en el final de la historia este libro nos sitúa en el umbral de una nueva humanidad posible, emergida de la reacción creativa de los seres humanos a los graves riesgos e incertidumbres que se nos presentan en el presente y en el horizonte inmediato. Estamos en una encrucijada histórica de la que puede surgir una nueva humanidad, protagonista del surgimiento de una nueva civilización, más sabia, fundada sobre el arte y la poesía del buen vivir o un nuevo periodo de barbarie generalizada y de consecuencias oscuramente dibujadas por el cine y la literatura de las últimas décadas. Esa nueva humanidad, esas semillas civilizatorias, están ya plantadas, florecen entre nosotros, ocultas a la atención de los medios, invisibilizadas. Este libro les pone el foco a algunas de ellas y se propone relacionarlas entre sí. El mensaje principal del libro es la necesidad de interrelacionar las diferentes dimensiones y vías en las que es preciso hacer las reformas para que el tren civilizatorio que avanza a toda máquina hacia un desastre que parece inevitable, cambie de vía.

Edgar Morin articula cuatro grandes vías o dimensiones en las que es preciso hacer reformas que interaccionen y se relacionen entre sí: políticas (Las políticas de humanidad), del pensamiento y la educación, de sociedad y de vida. La reforma del pensamiento y de la educación, a la que ha dedicado gran parte de su obra (los seis volúmenes de El Método, los seis libros dedicados a sistematizar El pensamiento complejo y la tetratología pedagógica compuesta con La Mente bien formada y finalizada con Educar en la Era Planetaria), ambas mutuamente interrelacionadas, son la base, el fundamento de la nueva civilización. Sobre ellas descansa la profunda comprensión de los problemas globales a los que nos enfrentamos. Sólo desde un pensamiento complejo podremos diseñar estrategias complejas de acción transformadora. Morin se sitúa en la tradición de los grandes pensadores clásicos que otorgan a la educación un papel central en la transformación personal y social. La reforma del pensamiento inspirará las políticas de humanidad, regenerará el propio pensamiento político, dará protagonismo activo a la nueva ciudadanía planetaria que reformará, profundizándola, la democracia para hacer a todos los ciudadanos del planeta corresponsables del cambio de rumbo civilizatorio, gestionando solidariamente los recursos de que disponemos en un contexto de creciente escasez conforme nos acercamos a los límites en su explotación: el agua, la energía, las materias primas. Las políticas de la humanidad habrán de afrontar las causas del cambio climático, reducir las intolerables desigualdades sociales y la pobreza extrema, proteger la biodiversidad y las diferencias culturales. Las reformas sociales deberán generar ciudades y hábitat humanizadores, inclusivos, integrados en sus contextos paisajísticos y ambientales, protectores de las fuentes de vida de las que se alimentan y que les dan identidad (agricultura de proximidad, bosques, recursos hídricos, paisajes fundantes,…).  Esos hábitat humanizadores e integrados en su medio estarán íntimamente ligados a reformas en las políticas agrícolas, de alimentación, de consumo, de trabajo y de salud. Precisamos nuevos hábitos alimentarios, más basados en el consumo de cereales, verduras y hortalizas y menos en el consumo de carnes, con alimentos más ricos en nutrientes producidos de forma ecológica por comunidades rurales revitalizadas. Es preciso reducir la agricultura industrializada que produce y distribuye globalmente y potenciar la agricultura y la ganadería de proximidad, en explotaciones sostenibles. Necesitamos recuperar la cultura del buen comer, de la buena mesa en familia o entre amigos, y desterrar la comida rápida. Necesitamos adquirir hábitos saludables, tener una visión preventiva y global de la salud física y psísiquica. Todo ello se ve favorecido o perjudicado por la forma de organizar el trabajo, las ciudades y nuestro hábitat en general y viene a su vez determinado por demandas culturales y por formas de vida. Necesitamos reformar nuestras formas de vida, dominadas por el consumismo y el individualismo, por la prisa y la competitividad. Precisamos transformarnos interiormente y transformar las relaciones sociales. La reforma ética y la estética, la promoción de los valores femeninos, de la empatía, la comprensión y el cuidado por los demás, la integración intergeneracional, la aceptación de nuestros límites y del límite de la vida, todo ello maltrecho por la civilización industrial y por la mercantilización de la sociedad y sus relaciones, debe ser conjugado en busca del buen vivir bajo otros parámetros menos materiales y más espirituales. Una nueva civilización metamorfoseada se expresará, se está empezando a expresar ya entre nosotros, reconstruyendo las bases de la vida personal y social, creando ámbitos y tiempos para repensarnos y repensar y reconstruir nuestras relaciones de comunidad, de buena vecindad, de amistad, de pareja, de familia. La civilización industrial nos ha inundado de cosas y nos ha cosificado. No necesitamos ni nos podemos permitir construir tantas cosas desechables, no podemos considerar a los propios seres humanos como cosas desechables si dejan de ser útiles para producir o consumir. El Estado de Malestar oculto tras la creación y posterior desmontaje del Estado de Bienestar nos pone de manifiesto que los cambios a producir afectan a todas las esferas que van desde los destinos personales a los de la humanidad en su conjunto.

En sus conclusiones Morin formula cinco principios de esperanza, ya apuntados en otras obras suyas anteriores, basados en la progresiva confluencia y retroalimentación de las cuatro grandes vías de reforma propuestas.

El primero es El surgimiento de lo inesperado y la aparición de lo improbable. No lo cita Morin en su libro pero acontecía mientras el proceso de su edición entraba en su recta final: los grandes movimientos de liberación que han surgido espontáneamente primero en el Norte de África y luego en Europa, tomando las plazas, convirtiéndolas en ágoras, no eran previsibles ni pensables. Han cogido desprevenidos a los dirigentes de todas partes. El caso islandés, pese a los esfuerzos por silenciarlo por parte de la prensa y los gobiernos, ha sido inspirador del 15 M español que a su vez ha inspirado manifiestaciones similares en Grecia e Italia y diversos lugares del mundo. Unos jóvenes a los que unos nonagenarios trataban de interpelar para que reaccionaran, lo han hecho y se les han unido sus padres y abuelos. Los indignados se han movilizado y han empezado a autoorganizarse. Lo inesperado, lo improbable, ha sucedido, está sucediendo.

El segundo principio son Las virtudes generadoras/creadoras inherentes a la humanidad. La sociedad tiene capacidad de regenerarse y esta capacidad siempre empieza en grupos minoritarios, considerados inicialmente como marginales. No se podría entender el 15M sin el trabajo previo de estos grupos que han servido de semilla, chispa y levadura del movimiento. Pensadores, escritores, pintores, músicos, cineastas, activistas de derechos civiles, promotores de iniciativas contraculturales, de economía social, de experiencias autogestionarias, participativas, solidarias, de redes de comercio justo, de proyectos de cooperación al desarrollo, de cooperativas de viviendas y de producción, de comunidades de vida, iniciativas de slow food, de comercialización de productos de agricultura ecológica, iniciativas educativas, editoriales, de comunicación,… Son multitud en todas partes del mundo y empiezan a crear sinergias, a relacionarse, a articularse en el movimiento altermundialista.

El tercer principio pone de relieve Las virtudes de la crisis. Junto a las fuerzas regresivas que despiertan lo hacen también las fuerzas creadoras/generadoras como las puestas de manifiesto en el apartado anterior, como las vistas en España en las plazas del 15M y en sus iniciativas en los barrios.

El cuarto principio pone en valor Las virtudes del peligro. “ Allí dónde crece la desesperación crece también la esperanza. La oportunidad suprema está en el riesgo supremo”.

El quinto principio es La multimilenaria aspiración de la humanidad a la armonía, expresada en las grandes tradiciones religiosas y en las utopías laicas emancipadoras y que emerge en momentos de crisis como el actual.

La idea de metamorfosis, las vías hacia esa metamorfosis, la esperanza que sabe que no  está fundada en certidumbres pero sí que se hace posible “haciendo camino al andar”, se impulsará en la conciencia creciente de que el reto al que nos enfrentamos es, por primera vez, el de salvaguardar el futuro de la humanidad. Vivimos tiempos de incertidumbre pero emocionantes. Estamos asistiendo a un gran parto. Estamos recuperando la conciencia de que el futuro no está escrito, predeterminado, sino abierto y en nuestras manos. Somos protagonistas de la historia, no espectadores, no meros sufridores de sus consecuencias. ¡Adelante!

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