Urge cambiar una democracia rígida y deformada

Las elecciones del 20 N han vuelto a poner de manifiesto las carencias de nuestra democracia y con ellas sus limitaciones para afrontar la gestión de la crisis global a la que nos enfrentamos. Carencias que tienen que ver con varios factores interrelacionados, ya conocidos, y no afrontados, que dificultan que el Parlamento refleje fielmente, proporcionalmente, las opciones que representan a los ciudadanos. Y que presenta gran rigidez a los cambios. Nuestro sistema electoral, no proporcional, favorece a las opciones mayoritarias y dificulta extremadamente a las minoritarias y la irrupción de nuevas alternativas. El 21 N se ha difundido por las red como podría haber sido la composición del parlamento con una representación más fiel al resultado de las votaciones, resultado de la supresión de las circunscripciones electorales. Y se ha puesto en marcha rápidamente una iniciativa en Actuable para pedir una reforma del sistema electoral. No es un tema banal para un demócrata el que tengamos un verdadero sistema representativo, sin deformaciones que sobrerrepresenten a las opciones mayoritarias y condicione el voto a las minoritarias por unas reglas injustas. Nuestras reglas de juego actuales, modificables democráticamente, deforman doblemente el resultado. Primero, reduciendo significativamente el voto hacia opciones minoritarias, por el voto útil, y en segundo lugar, exigiendo muchos más votos  a las opciones minoritarias para obtener escaño que a las mayoritarias. En un extremo, a UPyD, cada escaño le ha costado 228.040 votos. En el otro, al PP le ha costado 58.000. Leer más de esta entrada

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