Green Apple: ecobarrios para todos

El reto de reducir las emisiones de CO2 causantes del efecto invernadero pasa en gran medida por la transformación de las ciudades que tenemos. El enorme incremento de la población urbana mundial se ha visto acompañado con la implantación de un modelo segregacionista, tanto a nivel físico como social. Los principios del urbanismo moderno, basados en el racionalismo, distinguen y separan en el espacio la residencia, el trabajo y el ocio, y los conectan con las grandes vías para el vehículo motorizado. Esto ha simplificado la ciudad, la ha expandido por el territorio, ha incrementado la movilidad motorizada y le ha hecho perder vitalidad. Los barrios han dado lugar a urbanizaciones y polígonos sólo residenciales, con casi nula actividad para un espacio público que se concibe para el coche. La población se ha ubicado en el espacio en función de su renta en barriadas sociales o urbanizaciones residencias de viviendas unifamiliares. La ciudad se ha expandido y se ha segregado y todo esto ha funcionado incrementando el consumo de energía. Al mismo tiempo, el desarrollo de las instalaciones de acondiconamiento y la energía barata derivada de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) ha generado una arquitectura descontextualizada, homogenizada, poco adaptada a su medio natural y cultural, y que ha sido una gran devoradora del territorio y de todo tipo de recursos. Leer más de esta entrada

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