Ideas y propuestas para una Sevilla por el Clima (I)

Pasaje Mallol, Sevilla. Fotografía: Esteban de Manuel Jerez

La juventud nos pide que hablemos claro de la emergencia climática y ecológica y que tomemos medidas sin precedentes para ganar la batalla que se va a jugar de aquí a 2030. Nos recuerdan algo evidente pero que ignora la economía global: no tenemos PLANETA B, aunque vivamos como si lo tuviéramos. Es necesario empezar por el diagnóstico, que nos permitirá centrar los objetivos y diseñar las medidas a implementar para lograr darle la vuelta, en estos años, al modo en que nos movemos, alimentamos, producimos y consumimos, gestionamos la energía y el agua y organizamos las ciudades.

Hablar claro es comunicar a la ciudadanía las consecuencias que la crisis ecológica va a tener sobre la humanidad si no emprendemos medidas sin precedentes a tiempo. Nos enfrentamos a crisis climática, de abastecimiento de energía (ya) y de recursos materiales y asistimos a una extinción masiva de especies que pone en jaque los ecosistemas de los que depende la vida. A estas crisis se suman crisis alimentarias y de acceso al agua cada vez más frecuentes por efecto del cambio climático. Las evidencias científicas se acumulan pero chocan con los intereses y la perspectiva ciega de una economía que necesita crecer ilimitadamente en un planeta finito y que quiere seguir haciéndolo de forma “sostenible” contra toda evidencia, tal y como recogen los Objetivos de Desarrollo Sosetenible 2030.

Hacer frente al calentamiento global, la crisis más acuciante, nos permite hacer frente al resto de la crisis. Vamos a centrarnos en ello y proponer las líneas maestras de cómo hacerlo desde el ámbito local. Tenemos que ser conscientes de que tras más de 25 años de cumbres climáticas no hemos avanzado nada en el objetivo de reducción de emisiones globales.

Fuente: http://keelingcurve.ucsd.edu/

El calentamiento global es el resultado de una civilización industrial que ha sobre explotado la naturaleza y ha rebasado sus límites. Cuando decimos que no tenemos planeta B, estamos llamando la atención sobre el hecho de que hoy la humanidad consume recursos y emite residuos que precisarían 1,7 planetas. El reparto de estos recursos y emisiones es muy desigual, se concentra en los llamados países desarrollados (mal desarrollados) de modo que si los llamados “en desarrollo” los pudieran imitar precisaríamos entre 4 y 7 planetas. Y está concentrado especialmente en las áreas metropolitanas, que como la de Sevilla, requiere un territorio superior a Andalucía para abastecerse de recursos y absorber sus residuos.

¿Esto cómo es posible y qué consecuencias tiene? El nivel de desarrollo logrado por la civilización industrial se ha sustentado fundamentalmente en la energía acumulada durante millones de años, el carbón, el petróleo y el gas. Estas fuentes han permitido construir toda la economía globalizada que conocemos basada en la cultura consumista de usar y tirar y la fábrica difusa. Nos permite el lujo de llenar de naranjas de Sudáfrica nuestros supermercados, mientras las naranjas de Sevilla se quedan en los árboles. Nos han permitido extraer minerales de África Central para nuestros aparatos tecnológicos y devolverles nuestras basuras tecnológicas que se acumulan en Ghana. Pero el resultado de esta voracidad en el consumo nos ha traído el llamado pico del petróleo, momento en el que la curva de extracción ha empezado la parte de descenso mientras la demanda sigue creciendo. Esto va a tener consecuencias económicas para la economía global, que no podrá sostenerse, que se suma al calentamiento global provocado por esta rápida quema de combustibles fósiles.

Para reducir drásticamente nuestra dependencia del petróleo y dejar de extraerlo y quemarlo hay que actuar en la escala local en las siguientes líneas:

1/ Cambio de cultura y modelo de movilidad, responsable aproximadamente de un tercio de las emisiones.

2/ Rehabilitación energética de edificios e impulso del autoconsumo con energía renovable para generación de agua caliente y electricidad, para lograr edificios de consumo cero (ahorro de un tercio de las emisiones)

3/ Cambio del modelo productivo y de consumo, empezando por el alimentario, para lograr productos de Km0, de proximidad y lograr una economía circular de residuos cero (otro tercio aproximado de las emisiones).

4/ Para adaptar la ciudad al calentamiento global es preciso crear una infraestructura verde que de frescor y aire puro a la ciudad, introduciendo criterios de diseño bioclimático en los espacios públicos.

5/ Poner en marcha los ambiciosos planes y medidas que harían esto posible, requiere participación y consenso entre fuerzas políticas, líderes ecónomicos y sociales, profesionales expertos y ciudadanía en general: no es posible hacerlo sin un gran consenso social como reacción de superviviencia. Hará falta sumar esfuerzos y liderazgo público con esfuerzos y liderazgo social, en la misma línea.

6/ Dónde está nuestra principal amenaza, aparece también la oportunidad de incorporar a nuestra juventud en la construcción del futuro, dado que este esfuerzo supone una activación de la económica local, con empleos locales verdes llenos de sentido y que deben ser justamente retribuidos.

El desarrollo de estas medidas para su incorporación inmediata a los programas municipales de las candidaturas en las que concurrimos, en solitario o en coalición, ha dado lugar el documento marco Municipios por el Clima, que hemos coordinado Concha Sanmartín y yo, que contempla el marco urbano y rural, y que precisa lógicamente su contextualización en cada municipio.

Desarrollaré para Sevilla estos seis puntos en artículos sucesivos

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¿Tenemos que elegir entre Cambio climático y empleo en Sevilla?

Contamos con los recursos y el tiempo suficiente para evitar que el calentamiento global supere 1,5ºC, pero se necesita un esfuerzo sin precedentes, en cuestión de energía, industria, transporte, agricultura, ciudades y edificios. Llegar a reducir alrededor de un 45% las emisiones globales de CO2 de origen humano en 2030, respecto a los niveles de 1990, y lograr el “cero neto” en 2050”

IPCC Cumbre Mundial del Clima, Katowice 2018

El empleo sigue siendo la gran preocupación en nuestra sociedad. Encontrarlo y que no sea precario es la clave para la emancipación juvenil. No perderlo es clave para el sostenimiento de nuestras familias. Le sigue muy de cerca la vivienda. Encontrarla asequible, al alcance de la precariedad laboral imperante, es un sueño casi imposible de conseguir para los menores de 30 años. En este contexto la preocupación por el cambio climático y las consecuencias de la enorme crisis ecológica en curso es normal que no aparezca entre las prioridades de la juventud. Lleva oyendo del tema desde que nacieron. Si se les pregunta son conscientes de que no se está haciendo lo suficiente. Pero no lo viven como una urgencia.

O eso parecía hasta que Greta Thumberg, la niña sueca de dieciséis años que ha sorprendido al mundo inspirando el movimiento juvenil por El Clima, las huelgas climáticas de los viernes conocidas como Friday For Future. Greta oyó hablar del cambio climático con tan sólo ocho años de edad y desde entonces no ha parado de estudiar el tema y seguir atentamente las noticias. Como muchos adultos sentía frustración al comprender la distancia entre lo que la ciencia nos dice sobre el problema, sobre lo que sabemos que tendríamos que hacer, y las insuficientes medidas adoptadas por los gobiernos. Greta insiste en que los responsables políticos no pueden seguir ignorando las advertencias de la ciencia que pide un esfuerzo sin precedentes ante una crisis global sin precedentes. Sin embargo, como vimos en la última Cumbre Mundial del Clima en Katowice, los líderes mundiales ceden ante los intereses ante los intereses económicos con la inestimable ayuda de Donald Trump.

En esa tesitura, pensar en pisar el freno de la sociedad hiperconsumista de recursos no renovables y contaminadora de agua, aire y tierra, como plantean los científicos que es preciso hacer, parece dibujar un inquietante panorama de paro. ¿Es un dilema sin solución?

No lo es, pero es cierto que nos enfrentamos a una situación inédita en la historia de la humanidad y que nos jugamos el futuro hoy. Tenemos muy poco margen de tiempo para evitar caer en el abismo. El río Iguazú fluye aparentemente tranquilo, el rumor se va haciendo cada vez más fuerte, si la nave no gira a tiempo hacia la orilla caerá inevitablemente hacia el precipicio con sus pasajeros dentro. Esa es la prioridad. No hay empleo para los tripulantes que caigan al abismo. Girar a la orilla significa abrir nuevos caminos, llenos de oportunidades, pero también de riesgos. Las actitudes para afrontar esas amenazas con éxito están en las antípodas del discurso del sálvese quien pueda neoliberal. Tienen más que ver con la ancestral cooperación que sigue viva en nuestros corazones y que emerge con fuerza ante las dificultades. Una cooperación que se funda en el sentimiento de solidaridad de quiénes se saben interdependientes. Sobre esa base es necesario construir un suelo social para que nadie quede abandonado a su suerte. Y sobre ese suelo es necesario reorientar la economía y el empleo para que se ajusten al techo ambiental, hoy superado. Eso significa, como dice la ciencia, cambiar muchas cosas y generar muchas oportunidades.

Veamos algunas de ellas que podemos aprovechar en Sevilla. El techo ambiental nos dice que el millón y medio de personas que habitamos el área metropolitana, no podemos seguir quemando petróleo al ritmo que lo hacemos para ir al trabajo, a estudiar y acceder a los servicios. Nuestros espacios productivos, grandes centros educativos, deportivos y sanitarios no están conectados con una red de transporte metropolitana de alta capacidad. Por otra parte, entre un 15% y un 20% de las viviendas del área metropolitana están vacías, contamos con grandes extensiones de suelo urbanizado y sin edificar, pero la vivienda sigue siendo inasequible para la mayoría de la población. Además, el área metropolitana de Sevilla concentra la mayor bolsa de parados de la provincia.

¿Cómo podemos hacer frente a estos retos?

En primer lugar, es urgente poner en marcha una red metropolitana de transporte de alta capacidad, con tarjeta única, que integre cercanías, metro, tranvías y una nueva red de metrobuses. Dicha red conectará los principales espacios productivos, residenciales y de servicios. Se alimentará con la red metropolitana de ciclovías previstas en el Plan Andaluz de la Bicicleta y se complementará con una red de aparcamientos gratuitos para usuarios del transporte público. Como resultado esperado se genera empleo, se mejora la productividad y la actividad económica, se incrementa la cohesión social

En segundo lugar, necesitamos modernizar nuestros polígonos productivos e impulsar la innovación hacia una economía circular baja en carbono, en colaboración con las universidades públicas de Sevilla y nuestros centros educativos de formación profesional. Vamos a fomentar producción de proximidad generando empleo de proximidad y de calidad.

En tercer lugar, necesitamos articular un plan de vivienda metropolitano, gestionado mediante un consorcio de empresas públicas. Deberá contemplar tres líneas de acción prioritarias: la intermediación en el alquiler asequible de la gran bolsa de viviendas vacías, la promoción de vivienda pública y cooperativa en alquiler sobre suelos urbanizados vacantes y el impulso a la rehabilitación y regeneración de barrios. Como resultado esperado, se incrementará la inclusión social, se facilitará la emancipación de la juventud y se generará empleo de proximidad en el sector de la construcción sostenible.

En cuarto lugar, necesitamos promover un parque agrario metropolitano y crear canales cortos de comercialización para mejorar la renta agraria y crear empleos de calidad, al tiempo que nos alimentamos de productos frescos y sanos. Los alimentos que llegan a nuestra mesa recorren de media 4.000 km, con un gran consumo de energía y sus consecuentes emisiones contaminantes. No tiene ningún sentido que nuestras naranjas se quedan en los árboles, arruinando a nuestros agricultores, mientras las grandes superficies nos venden naranjas de Sudáfrica.

En quinto lugar, necesitamos impulsar la transición energética aprovechando nuestro sol en lugar de seguir importando un petróleo que no tenemos. Creando una cooperativa de servicios públicos podríamos impulsar el autoconsumo de energía renovable en centros educativos y edificios públicos, barrios, polígonos industriales y grandes superficies. De este modo generaríamos empleos verdes y reduciríamos la pobreza energética.

En sexto lugar, necesitamos reducir drásticamente y mejorar la gestión de nuestros residuos, para avanzar hacia los residuos cero, contribuyendo a crear empleo en economía circular.

Todas estas medidas necesitas acompañarse de un suelo social, cumpliendo el compromiso suscrito en la Carta Social Europea de garantizar ingresos mínimos a toda la población. Para ello podríamos implementar progresivamente La Renta Básica Universal de modo que nadie se quede atrás como consecuencia de los cambios rápidos que se avecinan.

El día que comprendamos que el Cambio Climático lo cambia todo, lo cambiaremos todo. Y ese día no puede tardar. Nos va la supervivencia en ello, lo sepamos o no. El efecto mariposa iniciado por Greta Thumberg empieza a crear el torbellino de esperanza que necesitamos. Periodistas, educadores y políticos tenemos una alta responsabilidad para estimular el cambio necesario.

5J: ¿Cuáles son los principales retos Medioambientales de Sevilla?

(publicado en Sevilla Directo, el 5 de junio de 2018, acceder al artículo completo aquí )

¿Qué podemos hacer para reducir drásticamente la Huella Ecológica de Sevilla? Si bien el tema es complejo, y no basta con lo que puede hacer en Sevilla, es mucho lo que podemos hacer tanto para reducir la huella como para preparar la ciudad para un contexto de cambio climático severo. Para ello es fundamental conocer bien los factores clave sobre los que incidir. La huella de carbono se deriva en un tercio de la combustión de los vehículos de motor y en otro tercio de la energía consumida en los edificios. El restante tercio tiene que ver con el modelo productivo, industrial y alimentario. Por otra parte, es necesario reducir y reciclar en el ciclo productivo la mayor parte de ellos.

Sobre los retos de la Agenda Urbana Mundial

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Cualquier profesional que se  enfrentado a un proyecto de cooperación al desarrollo en hábitat social sabe que necesita cambiar su mirada y adquirir herramientas no adquiridas durante el grado. Si es arquitecto en seguida comprenderá que va a necesitar algo más que habilidades para diseñar objetos. El diseño de procesos será determinante. Procesos en los que tendrá que colaborar con una gran variedad de agentes, institucionales, populares y profesionales de distintas áreas. También se habrá enfrentado a la necesidad de repensar las técnicas y tecnologías que usa. En el marco del subprograma “Vivienda de Interés Social” del programa de cooperación latinoamericano CYTED hemos escrito y debatido mucho sobre la cuestión de las tecnologías apropiadas y apropiables, duras y blandas (sociales). Y aquellos que hemos trabajado en cooperación internacional al desarrollo hemos tenido la experiencia de aprender conocimientos y metodologías que nos son útiles para intervenir en cooperación al desarrollo local. Hemos aprendido de la práctica propia y de la de otros colegas. Durante las últimas décadas se ha producido un vivo intercambio de conocimientos y experiencias entre profesionales y movimientos sociales “viviendistas” de América Latina y la península ibérica, completado en nuestro caso con Marruecos. Y hemos compartido la convicción de que es preciso crear espacios de formación en grado y en postgrado para transmitir los conocimientos y los métodos que precisan los profesionales que van a intervenir en circunstancias complejas de hábitat, con escasez de recursos, con conflictos de intereses en juego, como ocurre en situaciones de precariedad y pobreza. Pero como ocurre también en  cualquier contexto, de los que consideramos desarrollados, y que precisan afrontar procesos de crisis, de colapso o de prevención de situaciones críticas y de colapso. En realidad toda la civilización se encuentra al borde hoy del colapso y por tanto toda ella está expuesta y necesitada de emprender procesos sociales de cambio o de adaptación a los cambios.

La reciente cumbre mundial Hábitat III de Quito, con la elaboración de la Agenda Urbana, ha sido una buena ocasión para tomar el pulso al consenso internacional logrado sobre cuáles son los retos que han de afrontar las ciudades y el conjunto de los asentamientos humanos en los próximos veinte años. Leer más de esta entrada

¿Es Detroit un símbolo del colapso que espera a nuestras ciudades?

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La Huella Ecológica de Sevilla. Alvaro Reyes de la Rosa, 2016. Prof. Esteban de Manuel

¿Es Detroit un símbolo de la ciudad industrial postcolapso? El colapso de la industria del automóvil produjo una implosión en Detroit. Su población pasó de 2 millones a 700.000 habitantes. Un 30 % de sus edificios de viviendas y oficinas están vacíos. Sus grandes avenidas pensadas para el automóvil se han quedado grandes. ¿Es un caso aislado o un caso pionero que será seguido por la mayoría de las grandes ciudades del mundo?

Las ciudades de la civilización industrial basadas en el petróleo tienen su suerte ligada al mismo. Son muy vulnerables ante la escasez y encarecimiento del petróleo que se avecina, una vez superado el pico de producción. Dependen del petróleo abundante y barato para abastecerse en un mercado global y para su movilidad.

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